Esto es una prueba:
Veamos hasta donde lleva
miércoles 4 de noviembre de 2009
martes 24 de marzo de 2009
viernes 27 de febrero de 2009
La mentira patológica, un reto diagnóstico
Las enfermedades mentales ponen a prueba muchas veces la pericia de los profesionales. La pseudología fantástica padecida por los mentirosos patológicos es un ejemplo de enfermedad difícil de diagnosticar.Todos los seres humanos engañan. El engaño es un mecanismo de defensa y posiblemente una herramienta social necesaria. También sabemos que es universal, se da en todas las culturas y posiblemente ha existido en todas las épocas.
Con frecuencia la frontera entre la salud y la enfermedad es una amplia franja en la que hay dificultades para discernir si un sujeto padece una enfermedad psicológica o simplemente se haya en un extremo de la normalidad. Es el caso de la mentira patológica.
Pseudología fantástica o mentira patológica
Dado que mentir no puede considerarse una enfermedad, la pseudología fantástica o mentira patológica se encuentra muchas veces en esa frontera en la que nos es difícil establecer su naturaleza de enfermedad. Fue descrito por primera vez como enfermedad por Delbrük en 1891.
Se trata de la expresión extrema de la mentira. Habitualmente se entremezclan hechos reales con historias completamente falsas. El contenido de las mentiras suele referirse a la biografía del sujeto. También hay un tipo de mentiroso patológico que fantasea sobre su historia clínica.
El cuadro se relaciona frecuentemente con el síndrome de Münchausen(aquí se puede poner el link al artículo del síndrome de Münchausen). Comparte con este síndrome el hecho de que el motivo de la mentira es inconsciente. También se conoce a este cuadro con el nombre de mitomanía.
Puntos clave de la enfermedad
Se caracteriza el cuadro porque el sujeto hace grandes y extensas invenciones. Pueden abarcar cualquier aspecto de la vida pero son fundamentalmente biográficas.
El contenido de las mentiras es desproporcionado para cualquier finalidad o ventaja para el sujeto. Personalmente atendí a un mitómano que contaba que su familia había sido secuestrada en la embajada de los Estados Unidos hacía varios años. Su vida giraba en torno a este acontecimiento.
Las mentiras del mentiroso patológico crean una nueva y falsa identidad en el autor. Con el tiempo el propio sujeto llega a creer sus mentiras. Es típica la sensación de que vive sus propias invenciones.
La mentira es una característica axial de la vida del mitómano que persiste a lo largo de su vida. La biografía verdadera pasa a ser olvidada y sustituida por los engaños inventados.
El mitómano
Los mentirosos patológicos suelen ser lábiles emocionalmente hablando. Son personas solitarias que buscan atención por parte de los demás.
Con frecuencia tienen una buena acogida en los lugares de trabajo o de reunión social, ya que con sus engaños atraen simpatías. Con el tiempo el mitómano puede ser descubierto y rechazado, aunque se conocen casos de mitómanos con una gran habilidad que mantienen la atención de los demás a través de los años.
No existe un motivo para que el mitómano mienta. No obtiene beneficios económicos ni de otro tipo, salvo la satisfacción de ser escuchado. El interés de la persona que escucha satisface enormemente al mitómano y refuerza su comportamiento.
Puede observarse este comportamiento en las personas normales, en la vida cotidiana, pero también se asocia a psicopatología. Los trastornos psicóticos, las demencias y otras alteraciones cognitivas pueden ir acompañadas de invenciones fantásticas.
Conducta antisocial
Ya sea considerada una enfermedad psicológica o un extremo de la normalidad, la mitomanía es una conducta antisocial. La psiquiatría legal tiene continuos conflictos con los pacientes mitómanos que delinquen, normalmente para hacer diagnóstico diferencial con los delirios.
Algunas veces puede confundirse el cuadro clínico con el delirio. La diferencia estriba en que en el delirio el enfermo tiene alterado el razonamiento y la percepción. El mitómano llega a creerse su mentira pero distingue la realidad de la fantasía. En el caso de delirio no existiría responsabilidad.
Con frecuencia la frontera entre la salud y la enfermedad es una amplia franja en la que hay dificultades para discernir si un sujeto padece una enfermedad psicológica o simplemente se haya en un extremo de la normalidad. Es el caso de la mentira patológica.
Pseudología fantástica o mentira patológica
Dado que mentir no puede considerarse una enfermedad, la pseudología fantástica o mentira patológica se encuentra muchas veces en esa frontera en la que nos es difícil establecer su naturaleza de enfermedad. Fue descrito por primera vez como enfermedad por Delbrük en 1891.
Se trata de la expresión extrema de la mentira. Habitualmente se entremezclan hechos reales con historias completamente falsas. El contenido de las mentiras suele referirse a la biografía del sujeto. También hay un tipo de mentiroso patológico que fantasea sobre su historia clínica.
El cuadro se relaciona frecuentemente con el síndrome de Münchausen(aquí se puede poner el link al artículo del síndrome de Münchausen). Comparte con este síndrome el hecho de que el motivo de la mentira es inconsciente. También se conoce a este cuadro con el nombre de mitomanía.
Puntos clave de la enfermedad
Se caracteriza el cuadro porque el sujeto hace grandes y extensas invenciones. Pueden abarcar cualquier aspecto de la vida pero son fundamentalmente biográficas.
El contenido de las mentiras es desproporcionado para cualquier finalidad o ventaja para el sujeto. Personalmente atendí a un mitómano que contaba que su familia había sido secuestrada en la embajada de los Estados Unidos hacía varios años. Su vida giraba en torno a este acontecimiento.
Las mentiras del mentiroso patológico crean una nueva y falsa identidad en el autor. Con el tiempo el propio sujeto llega a creer sus mentiras. Es típica la sensación de que vive sus propias invenciones.
La mentira es una característica axial de la vida del mitómano que persiste a lo largo de su vida. La biografía verdadera pasa a ser olvidada y sustituida por los engaños inventados.
El mitómano
Los mentirosos patológicos suelen ser lábiles emocionalmente hablando. Son personas solitarias que buscan atención por parte de los demás.
Con frecuencia tienen una buena acogida en los lugares de trabajo o de reunión social, ya que con sus engaños atraen simpatías. Con el tiempo el mitómano puede ser descubierto y rechazado, aunque se conocen casos de mitómanos con una gran habilidad que mantienen la atención de los demás a través de los años.
No existe un motivo para que el mitómano mienta. No obtiene beneficios económicos ni de otro tipo, salvo la satisfacción de ser escuchado. El interés de la persona que escucha satisface enormemente al mitómano y refuerza su comportamiento.
Puede observarse este comportamiento en las personas normales, en la vida cotidiana, pero también se asocia a psicopatología. Los trastornos psicóticos, las demencias y otras alteraciones cognitivas pueden ir acompañadas de invenciones fantásticas.
Conducta antisocial
Ya sea considerada una enfermedad psicológica o un extremo de la normalidad, la mitomanía es una conducta antisocial. La psiquiatría legal tiene continuos conflictos con los pacientes mitómanos que delinquen, normalmente para hacer diagnóstico diferencial con los delirios.
Algunas veces puede confundirse el cuadro clínico con el delirio. La diferencia estriba en que en el delirio el enfermo tiene alterado el razonamiento y la percepción. El mitómano llega a creerse su mentira pero distingue la realidad de la fantasía. En el caso de delirio no existiría responsabilidad.
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domingo 4 de enero de 2009
Terroristas suicidas, exponente máximo de la programación de seres humanos
Los terroristas suicidas aterrorizan al mundo occidental. Se lanzan contra occidente bombas humanas programadas con técnicas conocidas desde los orígenes de la civilización.Uno de los ingredientes del terror es que aparece súbitamente. Lo inesperado produce una considerable sensación de indefensión y estupor que contribuyen a multiplicar el miedo en las víctimas.
El instinto de supervivencia es compartido por todos los seres humanos y lo ha sido en todas las épocas, por ello otro importante golpe de efecto es la utilización de suicidas como ejecutores de los atentados.
El suicida
Los sujetos que se inmolan por una causa determinada no desean la muerte, sino la vida, en este caso la vida de una causa. La finalidad de estos suicidios es beneficiar a un grupo con el que el suicida se identifica y cumplir las órdenes de un líder.
A lo largo de la historia han existido muchos sacrificios heroicos. Muchos sujetos han muerto por una causa en un acto de generosidad individual pero estas situaciones en las que el héroe es plenamente libre de tomar su decisión no tienen nada que ver con los suicidios programados de los terroristas.
Los ejecutores de la cadena de atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, lo mismo que los conductores suicidas de oriente medio son sujetos programados y por lo tanto no son totalmente libres.
El medio ambiente en el que un individuo se desarrolla puede facilitar que llegue a ser un terrorista suicida, pero es además necesario que sea captado por un líder que puede o no pertenecer a una organización.
La manipulación de la mente o lavado de cerebro
Todos los seres humanos van incorporando vivencias y experiencias desde el nacimiento, por tanto en relación directa con el medio que nos rodea. La forma de actuar y responder a las situaciones depende de este bagaje adquirido de forma espontánea.
La manipulación o lavado de cerebro es un proceso por el que es sustituido el contenido del cerebro por otros contenidos más convenientes a determinada causa. El objetivo final es que el sujeto sea programado para que realice cualquier tipo de acción que convenga al líder.
Técnicas de lavado de cerebro
No es difícil realizar el lavado de cerebro. Existen técnicas bien conocidas desde la antigüedad. El procedimiento comienza por manipular las emociones y provocar miedo, ansiedad y excitación que tienen como finalidad disminuir el juicio y favorecer la sugestión.
El líder o la organización comienzan aislando a los futuros suicidas y mediante sucesivas intervenciones les inculcan la importancia de mantener un compromiso, para poco a poco subir el nivel de exigencia y exigir el compromiso con la causa.
En esta fase se realizan reuniones interminables que disminuyen las defensas y debilitan el juicio mediante el cansancio. Puede facilitarse este proceso mediante el hambre. Los momentos en los que se les permite comer suelen ser de gran tensión.
Con técnicas como hablar al grupo sobre los propios defectos crean la incertidumbre y el miedo a ser rechazados. Es una fase en la que el nuevo adepto se pone en manos del líder. No hay un momento para el humor ni la reflexión.
La primera concesión del líder puede ser la revelación de una jerga, contraseñas o signos de identidad del grupo. El adepto se siente así dentro de la organización.
La programación
Una vez el sujeto se siente miembro del grupo comienza el proceso de programación. La técnica consiste en disminuir el juicio y la alerta del cerebro hasta hacer desdibujarse la percepción de realidad y su límite con la fantasía.
Se suelen emplear ayunos prolongados o dietas radicales ascéticas. También se emplea el exceso de actividad física o el sueño inadecuado. Este maltrato físico logra un estado de confusión.
Es el momento de las lecturas y razonamientos por periodos de tiempo muy prolongados que van encaminados a aceptar la lógica de la organización.
El pensamiento plano
En la última fase de la programación se promueve la anulación del pensamiento propio. Se proporciona un elemento simple y solo se permite al sujeto concentrarse en él hasta que experimente euforia y alucinación. Ese objeto simple puede ser una canción, meditación o un sonido repetitivo.
La mente en estas condiciones puede ser reprogramada para que el sujeto realice cualquier acción que desee el líder. Los atentados suicidas son solo un ejemplo de la obediencia debida a una organización terrorista.
El suicida cree ser un héroe y en su mente programada la única posibilidad pasa a ser morir para matar. El resto de los pensamientos, afectos, instintos y sentimientos simplemente no existen.
El instinto de supervivencia es compartido por todos los seres humanos y lo ha sido en todas las épocas, por ello otro importante golpe de efecto es la utilización de suicidas como ejecutores de los atentados.
El suicida
Los sujetos que se inmolan por una causa determinada no desean la muerte, sino la vida, en este caso la vida de una causa. La finalidad de estos suicidios es beneficiar a un grupo con el que el suicida se identifica y cumplir las órdenes de un líder.
A lo largo de la historia han existido muchos sacrificios heroicos. Muchos sujetos han muerto por una causa en un acto de generosidad individual pero estas situaciones en las que el héroe es plenamente libre de tomar su decisión no tienen nada que ver con los suicidios programados de los terroristas.
Los ejecutores de la cadena de atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, lo mismo que los conductores suicidas de oriente medio son sujetos programados y por lo tanto no son totalmente libres.
El medio ambiente en el que un individuo se desarrolla puede facilitar que llegue a ser un terrorista suicida, pero es además necesario que sea captado por un líder que puede o no pertenecer a una organización.
La manipulación de la mente o lavado de cerebro
Todos los seres humanos van incorporando vivencias y experiencias desde el nacimiento, por tanto en relación directa con el medio que nos rodea. La forma de actuar y responder a las situaciones depende de este bagaje adquirido de forma espontánea.
La manipulación o lavado de cerebro es un proceso por el que es sustituido el contenido del cerebro por otros contenidos más convenientes a determinada causa. El objetivo final es que el sujeto sea programado para que realice cualquier tipo de acción que convenga al líder.
Técnicas de lavado de cerebro
No es difícil realizar el lavado de cerebro. Existen técnicas bien conocidas desde la antigüedad. El procedimiento comienza por manipular las emociones y provocar miedo, ansiedad y excitación que tienen como finalidad disminuir el juicio y favorecer la sugestión.
El líder o la organización comienzan aislando a los futuros suicidas y mediante sucesivas intervenciones les inculcan la importancia de mantener un compromiso, para poco a poco subir el nivel de exigencia y exigir el compromiso con la causa.
En esta fase se realizan reuniones interminables que disminuyen las defensas y debilitan el juicio mediante el cansancio. Puede facilitarse este proceso mediante el hambre. Los momentos en los que se les permite comer suelen ser de gran tensión.
Con técnicas como hablar al grupo sobre los propios defectos crean la incertidumbre y el miedo a ser rechazados. Es una fase en la que el nuevo adepto se pone en manos del líder. No hay un momento para el humor ni la reflexión.
La primera concesión del líder puede ser la revelación de una jerga, contraseñas o signos de identidad del grupo. El adepto se siente así dentro de la organización.
La programación
Una vez el sujeto se siente miembro del grupo comienza el proceso de programación. La técnica consiste en disminuir el juicio y la alerta del cerebro hasta hacer desdibujarse la percepción de realidad y su límite con la fantasía.
Se suelen emplear ayunos prolongados o dietas radicales ascéticas. También se emplea el exceso de actividad física o el sueño inadecuado. Este maltrato físico logra un estado de confusión.
Es el momento de las lecturas y razonamientos por periodos de tiempo muy prolongados que van encaminados a aceptar la lógica de la organización.
El pensamiento plano
En la última fase de la programación se promueve la anulación del pensamiento propio. Se proporciona un elemento simple y solo se permite al sujeto concentrarse en él hasta que experimente euforia y alucinación. Ese objeto simple puede ser una canción, meditación o un sonido repetitivo.
La mente en estas condiciones puede ser reprogramada para que el sujeto realice cualquier acción que desee el líder. Los atentados suicidas son solo un ejemplo de la obediencia debida a una organización terrorista.
El suicida cree ser un héroe y en su mente programada la única posibilidad pasa a ser morir para matar. El resto de los pensamientos, afectos, instintos y sentimientos simplemente no existen.
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Trastorno de la personalidad tipo "inestabilidad emocional" o "trastorno límite"
La palabra personalidad deriva del griego ‘persona’ que es la máscara empleada en el teatro clásico. El sentido de la palabra ha ido variando de lo más externo a lo más interior del ser.
La personalidad se concibe como un patrón de características psicológicas profundas que son casi todas inconscientes y muy difíciles de cambiar. Se manifiestan estas características automáticamente en todas las acciones del individuo.
No solo lo biológico interviene en la personalidad. También el aprendizaje es importante y se imbrica de modo inseparable con lo biológico, para explicar el modo de percibir, sentir, pensar, afrontar y comportarse la persona.
El trastorno de la personalidad supone que los patrones persistentes en la forma de percibir, relacionarse y pensar que denominamos rasgos de la personalidad, se convierten en desadaptados. Si los rasgos desadaptados producen deterioro funcional o malestar, se habla de trastorno de la personalidad.
Trastorno de personalidad tipo inestabilidad emocional
Se denomina también a este trastorno inestabilidad emocional. Se caracteriza por inestabilidad en las relaciones interpersonales. También hay una alteración en la imagen que el sujeto tiene de sí mismo y en los afectos.
Las personas afectadas de inestabilidad emocional son muy impulsivos en distintas situaciones. Es muy frecuente que luchen contra el abandono real o imaginado. Les produce un gran temor a perder afectos, a perder amistades o relaciones.
El miedo a la pérdida afectiva hace que estos sujetos cambien su comportamiento y su manera de ver el mundo e incluso de verse a sí mismos. Con frecuencia son muy sensibles a los cambios ambientales y reaccionan con ira, miedo o actos impulsivos.
Labilidad con las amistades y en la autoimagen
Las personas con inestabilidad emocional pueden ocasionarse daños y mutilaciones y tener conductas suicidas cuando sus relaciones fracasan. Es muy típico que establezcan vínculos muy intensos con sus acompañantes, a los que idealizan, para pasar a devaluarlos porque no les prestan atención.
El cambio en la autoimagen se pone de manifiesto por los cambios de objetivos, de opinión, de valores, de aspiraciones y de proyectos de vida, así como de aspiraciones profesionales.
También se observan cambios continuos en las amistades, en las tendencias y en la identidad sexual. La autoimagen se basa en pensarse a sí mismos como perversos o desgraciados.
Los impulsos
La impulsividad se manifiesta en todos los aspectos de la vida o solo en alguno. Por ejemplo en lo referente al dinero, las drogas, el sexo y las conductas temerarias. Aparecen estas conductas temerarias cuando hay temor al rechazo o a una separación. También la asunción de nuevas responsabilidades puede despertar la impulsividad.
La automutilación se realiza como forma de alivio ya que sirve para expiar los sentimientos de maldad, aunque frecuentemente es más una forma de reafirmar que se puede sentir. Los suicidios son relativamente frecuentes en este trastorno de la personalidad.
Sentimientos afectivos
La inestabilidad en el mundo afectivo puede dar lugar a brotes de ira inadecuada y extrema, angustia inmovilizante, desesperación y sentimientos crónicos de vacío, hastío y dificultad de control de la rabia, pena y autoinculpación.
Es relativamente frecuente que las personalidades inestables tengan impulsos autodestructivos y suicidas.
La personalidad se concibe como un patrón de características psicológicas profundas que son casi todas inconscientes y muy difíciles de cambiar. Se manifiestan estas características automáticamente en todas las acciones del individuo.
No solo lo biológico interviene en la personalidad. También el aprendizaje es importante y se imbrica de modo inseparable con lo biológico, para explicar el modo de percibir, sentir, pensar, afrontar y comportarse la persona.
El trastorno de la personalidad supone que los patrones persistentes en la forma de percibir, relacionarse y pensar que denominamos rasgos de la personalidad, se convierten en desadaptados. Si los rasgos desadaptados producen deterioro funcional o malestar, se habla de trastorno de la personalidad.
Trastorno de personalidad tipo inestabilidad emocional
Se denomina también a este trastorno inestabilidad emocional. Se caracteriza por inestabilidad en las relaciones interpersonales. También hay una alteración en la imagen que el sujeto tiene de sí mismo y en los afectos.
Las personas afectadas de inestabilidad emocional son muy impulsivos en distintas situaciones. Es muy frecuente que luchen contra el abandono real o imaginado. Les produce un gran temor a perder afectos, a perder amistades o relaciones.
El miedo a la pérdida afectiva hace que estos sujetos cambien su comportamiento y su manera de ver el mundo e incluso de verse a sí mismos. Con frecuencia son muy sensibles a los cambios ambientales y reaccionan con ira, miedo o actos impulsivos.
Labilidad con las amistades y en la autoimagen
Las personas con inestabilidad emocional pueden ocasionarse daños y mutilaciones y tener conductas suicidas cuando sus relaciones fracasan. Es muy típico que establezcan vínculos muy intensos con sus acompañantes, a los que idealizan, para pasar a devaluarlos porque no les prestan atención.
El cambio en la autoimagen se pone de manifiesto por los cambios de objetivos, de opinión, de valores, de aspiraciones y de proyectos de vida, así como de aspiraciones profesionales.
También se observan cambios continuos en las amistades, en las tendencias y en la identidad sexual. La autoimagen se basa en pensarse a sí mismos como perversos o desgraciados.
Los impulsos
La impulsividad se manifiesta en todos los aspectos de la vida o solo en alguno. Por ejemplo en lo referente al dinero, las drogas, el sexo y las conductas temerarias. Aparecen estas conductas temerarias cuando hay temor al rechazo o a una separación. También la asunción de nuevas responsabilidades puede despertar la impulsividad.
La automutilación se realiza como forma de alivio ya que sirve para expiar los sentimientos de maldad, aunque frecuentemente es más una forma de reafirmar que se puede sentir. Los suicidios son relativamente frecuentes en este trastorno de la personalidad.
Sentimientos afectivos
La inestabilidad en el mundo afectivo puede dar lugar a brotes de ira inadecuada y extrema, angustia inmovilizante, desesperación y sentimientos crónicos de vacío, hastío y dificultad de control de la rabia, pena y autoinculpación.
Es relativamente frecuente que las personalidades inestables tengan impulsos autodestructivos y suicidas.
Estas personalidades pueden a veces caer en la ideación paranoide, donde aparece un delirio, una idea que creen y que normalmente supone un abandono por alguien del entorno. Pueden disociarse, hacer trastornos de la alimentación y entrar en el consumo de drogas.
Tratamiento
A pesar de que este trastorno también llamado trastorno límite de la personalidad, parece muy severo, más de la mitad de los casos evolucionan bien y tienden a equilibrarse con el paso de los años.
Es preciso vigilar los posibles episodios psicóticos y los momentos en los que aparecen estados de angustia y depresión. Especial mención a los episodios de disociación, en los que el sujeto pierde el contacto con lo real.
Tratamiento
A pesar de que este trastorno también llamado trastorno límite de la personalidad, parece muy severo, más de la mitad de los casos evolucionan bien y tienden a equilibrarse con el paso de los años.
Es preciso vigilar los posibles episodios psicóticos y los momentos en los que aparecen estados de angustia y depresión. Especial mención a los episodios de disociación, en los que el sujeto pierde el contacto con lo real.
lunes 20 de octubre de 2008
Las otras víctimas de las tragedias: los sobrevivientes
Las personas que sobreviven a una tragedia son a su vez víctimas de la misma, ya que quedan marcadas para siempre.En una gran catástrofe siempre hay víctimas no mortales. Son las personas que se encuentran con la tragedia, han sido expuestas a la misma o han sido testigos de la muerte.
La capacidad de absorber y sentir la muerte se facilita con los ritos que los distintos cultos ofrecen. El duelo no es fácil para los sobrevivientes que no encuentran los restos mortales de los suyos.
Los sobrevivientes requieren un cuidado especial porque sus vidas quedan marcadas para siempre por la catástrofe que han vivido. El psiquiatra Lifton, tras estudiar a las víctimas de Hirosima, los campos de concentración nazi, la guerra de Vietnam y la inundación de Búfalo Creek, agrupó en cinco categorías las reacciones psicológicas de las víctimas no mortales de las catástrofes.
La huella de la muerte
En esta reacción psicológica la víctima sobreviviente mantiene la imagen indeleble de la muerte. Las imágenes más crudas y grotescas, las escenas de espanto y destrucción, se apoderan de la mente del sujeto y no puede desprenderse de ellas.
La dureza de las vivencias es impensable para el resto de las personas. Alaridos, dolor, separación de los seres queridos o compañeros de trabajo, escenas de pánico, muerte y desolación persiguen a muchos sobrevivientes.
Las imágenes pueden paralizar al sobreviviente, que en ocasiones parece que se ha parado en el tiempo. Lo que para algunas personas resulta paralizante puede ser para otras fuente de conocimiento y energía para el futuro.
Sentimiento de culpabilidad
Es frecuente que las personas que no mueren en una tragedia sientan sensación de culpa por no haber muerto. Es una reacción psicológica que nace de la vivencia de impotencia durante la catástrofe. Reviven los momentos de pánico y se preguntan por qué no hicieron algo para salvar a otras personas.
Otra expresión de esta reacción psicológica es la sensación de culpa por no haber mostrado más vivamente las emociones de ira o de compasión por las víctimas mortales.
Insensibilidad psíquica
Es una reacción paradójica. Se manifiesta por una incapacidad transitoria para sentir. La mente se paraliza, hay un defecto de funcionamiento de la percepción y de la respuesta emocional.
Las víctimas que sufren este tipo de reacción están aparentemente serenas, anormalmente serenas. La mente se encuentra en un límite en el que no pueden sentir más y la capacidad de asimilar el horror desaparece. Cuando este efecto paralizante de la percepción y la emotividad se recupera, aparece también el sentimiento de culpa.
Rechazo de las atenciones y cuidados
Un cierto número de los afectados por catástrofes no desean ningún tipo de ayuda. Rechazan los cuidados psicológicos y hasta las ayudas materiales. Solo desean huir y sienten que las ayudas que se les ofrecen son falsas.
En otra variante de este tipo de reacción la víctima puede tratar de evitar las ayudas para no mostrar debilidad. En ambos casos solo se encuentran reconfortados en compañía de otras víctimas.
Búsqueda de un significado del desastre
El último tipo de reacción psicológica agrupa aquellos casos en los que los afectados buscan incansablemente una explicación trascendente a la desgracia. Son víctimas que interpretan lo sucedido como un castigo o una llamada de atención de la divinidad o del destino.
En este tipo de reacciones el sobreviviente busca en el plano de lo espiritual una respuesta que calme su ansiedad por no conocer la causa de la catástrofe. En dependencia de las creencias previas de la persona la respuesta es más religiosa o más en el plano de las fuerzas ocultas o del destino.
Según el tipo de tragedia los afectados pueden elaborar complicadas y absurdas teorías sobre fuerzas políticas ocultas o grupos de presión inexistentes que se enfrentan a las explicaciones oficiales y más lógicas.
La capacidad de absorber y sentir la muerte se facilita con los ritos que los distintos cultos ofrecen. El duelo no es fácil para los sobrevivientes que no encuentran los restos mortales de los suyos.
Los sobrevivientes requieren un cuidado especial porque sus vidas quedan marcadas para siempre por la catástrofe que han vivido. El psiquiatra Lifton, tras estudiar a las víctimas de Hirosima, los campos de concentración nazi, la guerra de Vietnam y la inundación de Búfalo Creek, agrupó en cinco categorías las reacciones psicológicas de las víctimas no mortales de las catástrofes.
La huella de la muerte
En esta reacción psicológica la víctima sobreviviente mantiene la imagen indeleble de la muerte. Las imágenes más crudas y grotescas, las escenas de espanto y destrucción, se apoderan de la mente del sujeto y no puede desprenderse de ellas.
La dureza de las vivencias es impensable para el resto de las personas. Alaridos, dolor, separación de los seres queridos o compañeros de trabajo, escenas de pánico, muerte y desolación persiguen a muchos sobrevivientes.
Las imágenes pueden paralizar al sobreviviente, que en ocasiones parece que se ha parado en el tiempo. Lo que para algunas personas resulta paralizante puede ser para otras fuente de conocimiento y energía para el futuro.
Sentimiento de culpabilidad
Es frecuente que las personas que no mueren en una tragedia sientan sensación de culpa por no haber muerto. Es una reacción psicológica que nace de la vivencia de impotencia durante la catástrofe. Reviven los momentos de pánico y se preguntan por qué no hicieron algo para salvar a otras personas.
Otra expresión de esta reacción psicológica es la sensación de culpa por no haber mostrado más vivamente las emociones de ira o de compasión por las víctimas mortales.
Insensibilidad psíquica
Es una reacción paradójica. Se manifiesta por una incapacidad transitoria para sentir. La mente se paraliza, hay un defecto de funcionamiento de la percepción y de la respuesta emocional.
Las víctimas que sufren este tipo de reacción están aparentemente serenas, anormalmente serenas. La mente se encuentra en un límite en el que no pueden sentir más y la capacidad de asimilar el horror desaparece. Cuando este efecto paralizante de la percepción y la emotividad se recupera, aparece también el sentimiento de culpa.
Rechazo de las atenciones y cuidados
Un cierto número de los afectados por catástrofes no desean ningún tipo de ayuda. Rechazan los cuidados psicológicos y hasta las ayudas materiales. Solo desean huir y sienten que las ayudas que se les ofrecen son falsas.
En otra variante de este tipo de reacción la víctima puede tratar de evitar las ayudas para no mostrar debilidad. En ambos casos solo se encuentran reconfortados en compañía de otras víctimas.
Búsqueda de un significado del desastre
El último tipo de reacción psicológica agrupa aquellos casos en los que los afectados buscan incansablemente una explicación trascendente a la desgracia. Son víctimas que interpretan lo sucedido como un castigo o una llamada de atención de la divinidad o del destino.
En este tipo de reacciones el sobreviviente busca en el plano de lo espiritual una respuesta que calme su ansiedad por no conocer la causa de la catástrofe. En dependencia de las creencias previas de la persona la respuesta es más religiosa o más en el plano de las fuerzas ocultas o del destino.
Según el tipo de tragedia los afectados pueden elaborar complicadas y absurdas teorías sobre fuerzas políticas ocultas o grupos de presión inexistentes que se enfrentan a las explicaciones oficiales y más lógicas.
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miércoles 15 de octubre de 2008
Cuestiones sobre la psicopatología de la guerra
La guerra afecta a los individuos trasformando la vida en incertidumbre y cambiando las pautas de conducta, sentimientos
y emociones.
y emociones.El mundo se encuentra de nuevo inmerso en una guerra. Muchas personas que no han tenido la experiencia de un conflicto tienen una imagen de la guerra como un cuento infantil en el que dos ejércitos se enfrentan en un campo de batalla. Como consecuencia colateral de la lucha, la violencia y las consecuencias trágicas podrían salpicar a los civiles.
Esta es una visión muy poco realista de los acontecimientos bélicos. Lo más perturbador de la guerra es que acaba con el orden de la vida cotidiana y transforma en inseguridad todo aquello que en la paz es un valor seguro. El trabajo, el hogar, la familia, incluso la continuidad de la propia vida y el futuro pasan a ser una incógnita.
Por otra parte la población civil sufre las acciones diseñadas específicamente por el enemigo y que van encaminadas a debilitar voluntades y vencer a través del miedo. Este efecto ha sido siempre utilizado y por ello el pillaje y los excesos, los crímenes de guerra en definitiva, son poco combatidos y hasta alentados por los mandos militares.
Hoy día estas acciones sobre la población civil se han sofisticado hasta el límite de la crueldad como se ha ido viendo por los resultados de la guerra en la antigua Yugoslavia, Irak o Afganistán.
Daños de la guerra a las personas
No pasan desapercibidas en las catástrofes y conflictos bélicos las necesidades de la población afectada. Se necesita atención médica, cuidados, comida y agua, así como alojamiento. Podemos afirmar que las demandas de ayuda son comprendidas incluso por el bando vencedor y no es nada extraño que partan inmediatamente ayudas económicas y materiales urgentes para la población desfavorecida.
El sufrimiento físico parece que tiene siempre remedio a través de la movilización de ayudas. Pero hay un sufrimiento casi siempre olvidado e incluso a veces ocultado que corresponde a los nefastos efectos psicológicos que se producen en estas circunstancias sobre las víctimas de las catástrofes bélicas.
Los problemas psicosociales son con frecuencia apartados como males menores y se le supone a la sociedad en su conjunto y a los individuos uno a uno, la capacidad de remontar las consecuencias de la guerra.
Efectos traumáticos de la guerra
Las consecuencias de los conflictos y las guerras sobre las emociones, los sentimientos y las mentes de quienes padecen los enfrentamientos bélicos son graves y dejan secuelas en las sociedades, como lo hacen en los individuos.
Los efectos traumáticos de la guerra son tan extensos que no pueden encuadrarse en un solo término psicodiagnóstico. Las respuestas a los hechos traumáticos pueden ser emocionales. El individuo en estos casos puede mostrar rabia, terror, desamparo, ansiedad y depresión. La reacción más grave sería el ‘shock’ o estado paralizante en el que el sujeto se desconecta del medio.
Entre las reacciones cognitivas a la guerra puede encontrarse confusión, disociación, desorientación, auto-culpabilidad, y pensamientos irracionales.
También existen reacciones orgánicas como la fatiga, insomnio y las pesadillas. La hiperactividad es también una reacción orgánica al trauma de la guerra. Las víctimas de los conflictos pueden ser, además de los muertos, los sobrevivientes.
Esta es una visión muy poco realista de los acontecimientos bélicos. Lo más perturbador de la guerra es que acaba con el orden de la vida cotidiana y transforma en inseguridad todo aquello que en la paz es un valor seguro. El trabajo, el hogar, la familia, incluso la continuidad de la propia vida y el futuro pasan a ser una incógnita.
Por otra parte la población civil sufre las acciones diseñadas específicamente por el enemigo y que van encaminadas a debilitar voluntades y vencer a través del miedo. Este efecto ha sido siempre utilizado y por ello el pillaje y los excesos, los crímenes de guerra en definitiva, son poco combatidos y hasta alentados por los mandos militares.
Hoy día estas acciones sobre la población civil se han sofisticado hasta el límite de la crueldad como se ha ido viendo por los resultados de la guerra en la antigua Yugoslavia, Irak o Afganistán.
Daños de la guerra a las personas
No pasan desapercibidas en las catástrofes y conflictos bélicos las necesidades de la población afectada. Se necesita atención médica, cuidados, comida y agua, así como alojamiento. Podemos afirmar que las demandas de ayuda son comprendidas incluso por el bando vencedor y no es nada extraño que partan inmediatamente ayudas económicas y materiales urgentes para la población desfavorecida.
El sufrimiento físico parece que tiene siempre remedio a través de la movilización de ayudas. Pero hay un sufrimiento casi siempre olvidado e incluso a veces ocultado que corresponde a los nefastos efectos psicológicos que se producen en estas circunstancias sobre las víctimas de las catástrofes bélicas.
Los problemas psicosociales son con frecuencia apartados como males menores y se le supone a la sociedad en su conjunto y a los individuos uno a uno, la capacidad de remontar las consecuencias de la guerra.
Efectos traumáticos de la guerra
Las consecuencias de los conflictos y las guerras sobre las emociones, los sentimientos y las mentes de quienes padecen los enfrentamientos bélicos son graves y dejan secuelas en las sociedades, como lo hacen en los individuos.
Los efectos traumáticos de la guerra son tan extensos que no pueden encuadrarse en un solo término psicodiagnóstico. Las respuestas a los hechos traumáticos pueden ser emocionales. El individuo en estos casos puede mostrar rabia, terror, desamparo, ansiedad y depresión. La reacción más grave sería el ‘shock’ o estado paralizante en el que el sujeto se desconecta del medio.
Entre las reacciones cognitivas a la guerra puede encontrarse confusión, disociación, desorientación, auto-culpabilidad, y pensamientos irracionales.
También existen reacciones orgánicas como la fatiga, insomnio y las pesadillas. La hiperactividad es también una reacción orgánica al trauma de la guerra. Las víctimas de los conflictos pueden ser, además de los muertos, los sobrevivientes.
También los conflictos pueden causar graves trastornos conductuales como alienación, separación social, problemas en las relaciones interpersonales y conyugales, drogadicción y alcoholismo. En los niños puede verse un retroceso en el comportamiento y otros trastornos de conducta.
Trastorno de estrés postraumático
Todos estos trastornos pueden perdurar en el tiempo y marcar para siempre las vidas de muchos seres humanos. Hay por desgracia muchos ejemplos de los efectos de la guerra a largo plazo y que pueden ser aún hoy observados en los sobrevivientes de los campos de concentración nazis o en los veteranos de la guerra de Vietnam.
El trauma provoca un trastorno físico brutal en la experiencia ordinaria, que deja a la persona desamparada, a merced de un mundo que de pronto se convierte en imprevisible y peligroso, violento y que amenaza la vida. Se conoce a esta alteración como ‘trastorno de estrés postraumático’.
Se caracteriza este trastorno porque las creencias sobre uno mismo y el mundo son aniquiladas, se experimenta un sentimiento de pérdida, surge la desconfianza y los sentimientos de inseguridad, la víctima se considera culpable de lo sucedido y se desequilibra la propia personalidad.
La paz como deseo universal de los individuos
A pesar de las numerosas guerras recientes y de las muchas experiencias de sufrimiento humano inútil, parece que las personas no hemos aprendido a evitar los conflictos. Los políticos, los sociólogos, los economistas, los historiadores y los estudiosos del comportamiento humano, deberían buscar alternativas globales para solucionar la falta de entendimiento.
Sigue siendo un misterio cómo a pesar de ser la vida en paz un deseo universal de todos los individuos, la guerra sigue siendo la salida oficial para todas las discrepancias de cierto relieve. Salvo psicópatas y otros trastornados, nadie quiere en modo alguno la guerra, sino vivir en paz con sus semejantes.
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