viernes, 27 de febrero de 2009

La mentira patológica, un reto diagnóstico

Las enfermedades mentales ponen a prueba muchas veces la pericia de los profesionales. La pseudología fantástica padecida por los mentirosos patológicos es un ejemplo de enfermedad difícil de diagnosticar.

Todos los seres humanos engañan. El engaño es un mecanismo de defensa y posiblemente una herramienta social necesaria. También sabemos que es universal, se da en todas las culturas y posiblemente ha existido en todas las épocas.

Con frecuencia la frontera entre la salud y la enfermedad es una amplia franja en la que hay dificultades para discernir si un sujeto padece una enfermedad psicológica o simplemente se haya en un extremo de la normalidad. Es el caso de la mentira patológica.

Pseudología fantástica o mentira patológica
Dado que mentir no puede considerarse una enfermedad, la pseudología fantástica o mentira patológica se encuentra muchas veces en esa frontera en la que nos es difícil establecer su naturaleza de enfermedad. Fue descrito por primera vez como enfermedad por Delbrük en 1891.

Se trata de la expresión extrema de la mentira. Habitualmente se entremezclan hechos reales con historias completamente falsas. El contenido de las mentiras suele referirse a la biografía del sujeto. También hay un tipo de mentiroso patológico que fantasea sobre su historia clínica.

El cuadro se relaciona frecuentemente con el síndrome de Münchausen(aquí se puede poner el link al artículo del síndrome de Münchausen). Comparte con este síndrome el hecho de que el motivo de la mentira es inconsciente. También se conoce a este cuadro con el nombre de mitomanía.

Puntos clave de la enfermedad
Se caracteriza el cuadro porque el sujeto hace grandes y extensas invenciones. Pueden abarcar cualquier aspecto de la vida pero son fundamentalmente biográficas.

El contenido de las mentiras es desproporcionado para cualquier finalidad o ventaja para el sujeto. Personalmente atendí a un mitómano que contaba que su familia había sido secuestrada en la embajada de los Estados Unidos hacía varios años. Su vida giraba en torno a este acontecimiento.

Las mentiras del mentiroso patológico crean una nueva y falsa identidad en el autor. Con el tiempo el propio sujeto llega a creer sus mentiras. Es típica la sensación de que vive sus propias invenciones.

La mentira es una característica axial de la vida del mitómano que persiste a lo largo de su vida. La biografía verdadera pasa a ser olvidada y sustituida por los engaños inventados.

El mitómano
Los mentirosos patológicos suelen ser lábiles emocionalmente hablando. Son personas solitarias que buscan atención por parte de los demás.

Con frecuencia tienen una buena acogida en los lugares de trabajo o de reunión social, ya que con sus engaños atraen simpatías. Con el tiempo el mitómano puede ser descubierto y rechazado, aunque se conocen casos de mitómanos con una gran habilidad que mantienen la atención de los demás a través de los años.

No existe un motivo para que el mitómano mienta. No obtiene beneficios económicos ni de otro tipo, salvo la satisfacción de ser escuchado. El interés de la persona que escucha satisface enormemente al mitómano y refuerza su comportamiento.

Puede observarse este comportamiento en las personas normales, en la vida cotidiana, pero también se asocia a psicopatología. Los trastornos psicóticos, las demencias y otras alteraciones cognitivas pueden ir acompañadas de invenciones fantásticas.

Conducta antisocial
Ya sea considerada una enfermedad psicológica o un extremo de la normalidad, la mitomanía es una conducta antisocial. La psiquiatría legal tiene continuos conflictos con los pacientes mitómanos que delinquen, normalmente para hacer diagnóstico diferencial con los delirios.

Algunas veces puede confundirse el cuadro clínico con el delirio. La diferencia estriba en que en el delirio el enfermo tiene alterado el razonamiento y la percepción. El mitómano llega a creerse su mentira pero distingue la realidad de la fantasía. En el caso de delirio no existiría responsabilidad.

domingo, 4 de enero de 2009

Terroristas suicidas, exponente máximo de la programación de seres humanos

Los terroristas suicidas aterrorizan al mundo occidental. Se lanzan contra occidente bombas humanas programadas con técnicas conocidas desde los orígenes de la civilización.
Uno de los ingredientes del terror es que aparece súbitamente. Lo inesperado produce una considerable sensación de indefensión y estupor que contribuyen a multiplicar el miedo en las víctimas.

El instinto de supervivencia es compartido por todos los seres humanos y lo ha sido en todas las épocas, por ello otro importante golpe de efecto es la utilización de suicidas como ejecutores de los atentados.

El suicida
Los sujetos que se inmolan por una causa determinada no desean la muerte, sino la vida, en este caso la vida de una causa. La finalidad de estos suicidios es beneficiar a un grupo con el que el suicida se identifica y cumplir las órdenes de un líder.

A lo largo de la historia han existido muchos sacrificios heroicos. Muchos sujetos han muerto por una causa en un acto de generosidad individual pero estas situaciones en las que el héroe es plenamente libre de tomar su decisión no tienen nada que ver con los suicidios programados de los terroristas.

Los ejecutores de la cadena de atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, lo mismo que los conductores suicidas de oriente medio son sujetos programados y por lo tanto no son totalmente libres.

El medio ambiente en el que un individuo se desarrolla puede facilitar que llegue a ser un terrorista suicida, pero es además necesario que sea captado por un líder que puede o no pertenecer a una organización.

La manipulación de la mente o lavado de cerebro
Todos los seres humanos van incorporando vivencias y experiencias desde el nacimiento, por tanto en relación directa con el medio que nos rodea. La forma de actuar y responder a las situaciones depende de este bagaje adquirido de forma espontánea.

La manipulación o lavado de cerebro es un proceso por el que es sustituido el contenido del cerebro por otros contenidos más convenientes a determinada causa. El objetivo final es que el sujeto sea programado para que realice cualquier tipo de acción que convenga al líder.

Técnicas de lavado de cerebro
No es difícil realizar el lavado de cerebro. Existen técnicas bien conocidas desde la antigüedad. El procedimiento comienza por manipular las emociones y provocar miedo, ansiedad y excitación que tienen como finalidad disminuir el juicio y favorecer la sugestión.

El líder o la organización comienzan aislando a los futuros suicidas y mediante sucesivas intervenciones les inculcan la importancia de mantener un compromiso, para poco a poco subir el nivel de exigencia y exigir el compromiso con la causa.

En esta fase se realizan reuniones interminables que disminuyen las defensas y debilitan el juicio mediante el cansancio. Puede facilitarse este proceso mediante el hambre. Los momentos en los que se les permite comer suelen ser de gran tensión.

Con técnicas como hablar al grupo sobre los propios defectos crean la incertidumbre y el miedo a ser rechazados. Es una fase en la que el nuevo adepto se pone en manos del líder. No hay un momento para el humor ni la reflexión.

La primera concesión del líder puede ser la revelación de una jerga, contraseñas o signos de identidad del grupo. El adepto se siente así dentro de la organización.

La programación
Una vez el sujeto se siente miembro del grupo comienza el proceso de programación. La técnica consiste en disminuir el juicio y la alerta del cerebro hasta hacer desdibujarse la percepción de realidad y su límite con la fantasía.

Se suelen emplear ayunos prolongados o dietas radicales ascéticas. También se emplea el exceso de actividad física o el sueño inadecuado. Este maltrato físico logra un estado de confusión.

Es el momento de las lecturas y razonamientos por periodos de tiempo muy prolongados que van encaminados a aceptar la lógica de la organización.

El pensamiento plano
En la última fase de la programación se promueve la anulación del pensamiento propio. Se proporciona un elemento simple y solo se permite al sujeto concentrarse en él hasta que experimente euforia y alucinación. Ese objeto simple puede ser una canción, meditación o un sonido repetitivo.

La mente en estas condiciones puede ser reprogramada para que el sujeto realice cualquier acción que desee el líder. Los atentados suicidas son solo un ejemplo de la obediencia debida a una organización terrorista.

El suicida cree ser un héroe y en su mente programada la única posibilidad pasa a ser morir para matar. El resto de los pensamientos, afectos, instintos y sentimientos simplemente no existen.