martes, 3 de agosto de 2010

: Trastorno de la personalidad tipo inestabilidad emocional

Es relativamente frecuente que las personalidades inestables tengan impulsos autodestructivos y suicidas.
La palabra personalidad deriva del griego ‘persona’ que es la máscara empleada en el teatro clásico. El sentido de la palabra ha ido variando de lo más externo a lo más interior del ser.

La personalidad se concibe como un patrón de características psicológicas profundas que son casi todas inconscientes y muy difíciles de cambiar. Se manifiestan estas características automáticamente en todas las acciones del indivíduo.

No sólo lo biológico interviene en la personalidad. También el aprendizaje es importante y se imbrica de modo inseparable con lo biológico, para explicar el modo de percibir, sentir, pensar, afrontar y comportarse la persona.

El trastorno de la personalidad supone que los patrones persistentes en la forma de percibir, relacionarse y pensar que denominamos rasgos de la personalidad, se convierten en desadaptados. Si los rasgos desadaptados producen deterioro funcional o malestar, se habla de trastorno de la personalidad.

Trastorno de personalidad tipo inestabilidad emocional
Se denomina también a este trastorno inestabilidad emocional. Se caracteriza por inestabilidad en las relaciones interpersonales. También hay una alteración en la imagen que el sujeto tiene de sí mismo y en los afectos.

Las personas afectadas de inestabilidad emocional son muy impulsivos en distintas situaciones. Es muy frecuente que luchen contra el abandono real o imaginado. Les produce un gran temor a perder afectos, a perder amistades o relaciones.

El miedo a la pérdida afectiva hace que estos sujetos cambien su comportamiento y su manera de ver el mundo e incluso de verse a sí mismos. Con frecuencia son muy sensibles a los cambios ambientales y reaccionan con ira, miedo o actos impulsivos.
Ante una frustración, una persona con esta alteración puede actuar usando el anonimato, siempre envuelta en una máscara de protección, intentando dañar a quien su fantasía hace responsable de su malestar y su desdicha, cuando para el resto de los mortales somos cada uno dueños de nuestro destino y responsables de nuestras reacciones. Por lo general arremeten cobardemente contra quienes en algún momento les prestó ayuda, desde el médico al empleado del banco, depende del momento. Incluso este comportamiento obsesivo puede llegar a personas con cierta relevancia en la comunidad, a las que típicamente intentan denigrar. En el fondo este comportamiento es una forma menos evidente de "pseudosuicidio", porque lejos de liberarles o darles satisfacción se convierte en obsesión, lo que se reconoce porque es raro que ataquen una sola vez, siempre repiten.

Labilidad con las amistades y en la autoimagen
Las personas con inestabilidad emocional pueden ocasionarse daños, a veces mutilaciones y tener conductas suicidas cuando sus relaciones fracasan. Es muy típico que establezcan vínculos muy intensos con sus acompañantes, a los que idealizan, para pasar a devaluarlos porque no les prestan atención. Lo mismo sucede con profesionales que les han atendido o personas relevantes del entorno: en cuanto desaparecen de sus vidas o cambian de destino pasan de ángeles a demonios.

El cambio en la autoimagen se pone de manifiesto por los cambios de objetivos, de opinión, de valores, de aspiraciones y de proyectos de vida, así como de aspiraciones profesionales.

También se observan cambios en las amistades, en las tendencias y a veces, en gente muy joven, en la identidad sexual. La autoimagen se basa en pensarse a sí mismos como perversos o desgraciados. A veces hay una síntesis entre las dos tendencias y por sentirse desgraciados, frecuentemente por cuestiones de las que nadie tiene la culpa como una enfermedad familiar, muerte de una mascota o una gran avería, comienzan a ser perversos, a buscar una venganza, generalmente desde el anonimato, a salvo de posibles contestaciones por parte de los ofendidos, ya que en el fondo saben que sus motivos de queja son fantasías perfectamente desmontables, por eso no pueden actuar con racionalidad adulta, denuncias, intercambio de pareceres, etc.

Los impulsos
La impulsividad se manifiesta en todos los aspectos de la vida o solo en alguno. Por ejemplo en lo referente al dinero, las drogas, el sexo o lo que es más frecuente, las conductas temerarias. Aparecen estas conductas temerarias cuando hay temor al rechazo o a una separación. También la asunción de nuevas responsabilidades puede despertar la impulsividad.

La automutilación se realiza como forma de alivio ya que sirve para expiar los sentimientos de maldad, aunque frecuentemente es más una forma de reafirmar que se puede sentir. Los suicidios son relativamente frecuentes en este trastorno de la personalidad. Existe también el tipo "suicidio subsidiario" que consiste en lo que se ha descrito, o sea, actuar anónimamente contra las personas que alguna vez les han ayudado o en quienes confiaron y a quienes les atribuyen las culpas de su desgracia, sea esta real, más o menos fantástica o una situación cualquiera, de la que responsabilizan a sus antiguos bienhechores o a personas notables de la comunidad, generalmente bien consideradas por una mayoría.

Sentimientos afectivos
La inestabilidad en el mundo afectivo puede dar lugar a brotes de ira inadecuada y extrema, angustia inmovilizante, desesperación y sentimientos crónicos de vacío, hastío y dificultad de control de la rabia, pena y autoinculpación o culpabilización paranoica de terceros.

Estas personalidades pueden a veces caer en la ideación paranoide, donde aparece un delirio, una idea que creen y que normalmente supone un abandono por alguien del entorno. Pueden disociarse, hacer trastornos de la alimentación y entrar en el consumo de drogas, si bien es cierto que es más frecuente en personas jóvenes. En adultos la paranoia es más común.

Tratamiento
A pesar de que este trastorno también llamado trastorno límite de la personalidad, parece muy severo, más de la mitad de los casos evolucionan bien y tienden a equilibrarse con el paso de los años.

Es preciso vigilar los posibles episodios psicóticos y los momentos en los que aparecen estados de angustia y depresión. Especial mención a los episodios de disociación, en los que el sujeto pierde el contacto con lo real y puede hacer peligrar la vida o la seguridad de sus perseguidos desde el anonimato.
Hoy en día, las nuevas tecnologías parecen dar nuevo campo a estos sujetos con la popularización de Internet, aunque nunca antes ha sido más fácil localizar un rastro con el software adecuado que ya posee cualquier agrupación de policía municipal y departamento de informática de un Ayuntamiento medio.