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jueves, 26 de julio de 2007

Agentes empleados en el bioterrorismo y circuitos de actuación

Probablemente hemos entrado en una era en la que las armas de guerra son agentes vivos.

Aunque la guerra biológica es un concepto muy antiguo, el devenir histórico ha traído a la actualidad a viejos enemigos durmientes en los cultivos de laboratorio. Diversos agentes fueron seleccionados ya desde los años 50 por sus características naturales y la gravedad de las enfermedades que producen como armas posibles contra objetivos enemigos.

La naturaleza secreta de los laboratorios donde pueden producirse los agentes biológicos hace que la información de la que se dispone pueda ser incompleta y falten muchos gérmenes, armas potenciales en desarrollo o quizá ya existentes pero desconocidas. Los agentes conocidos se han clasificado en tres categorías denominadas “A”, “B” y “C”.

Categoría “A”, agentes que se diseminan fácilmente

Los patógenos clasificados en la categoría “A” se diseminan con mucha facilidad o bien se pueden transmitir de persona a persona. Son agentes patógenos que producen muerte en un alto porcentaje y pueden ocasionar un grave problema de orden público.

Requieren una actuación especial de las autoridades sanitarias y no se puede dejar en los circuitos normales el control, tratamiento y notificación de casos.

Dentro de este grupo de peligrosos microorganismos se encuentra Bacillus anthracis, el agente que ha infectado a un cierto número de norteamericanos en lo que ya se considera una acción bioterrorista. También se encuentra en este grupo Clostridium botulinum, que produce botulismo, Yersinia pestis que provoca la peste, Variola major que produce la viruela, Francisella turalensis que produce la turalemia y finalmente la fiebre hemorrágica viral.

La fiebre hemorrágica viral agrupa un grupo de enfermedades virales de cuatro familias Arenavirus, Filovirus, Bunivirus y Flavivirus. Son virus RNA, el más conocido mundialmente es el Ébola.

Categoría “B”, agentes que se diseminan con poca facilidad

Los agentes de este grupo se diseminan más torpemente y las enfermedades que producen son menos graves y con menos mortalidad. Se considera que para su diagnóstico se requieren ayudas específicas a los canales normales de atención sanitaria y se debe aumentar la vigilancia sobre los casos desde el punto de vista epidemiológico.

Se incluyen como patógenos en esta categoría Coxiella burnetti, que produce la fiebre Q, Brucella species, que produce la brucelosis y Burkholderia mallei que genera la enfermedad conocida como muermo.


Categoría “C”, agentes de fácil producción y diseminación

En esta categoría se agrupan agentes infecciosos que pueden ser empleados en el bioterrorismo con suma facilidad porque su obtención a penas requiere tecnología. Se diseminan muy rápidamente y producen enfermedades mortales. Su impacto en la salud de poblaciones podría ser muy grave.

En este grupo “C” se encuentra el virus Nipah, que produce una encefalitis hemorrágica. Es un virus parecido al Hendra que ocasiona enfermedades en cerdos y aves salvajes. También son de este grupo los Hantavirus, los virus productores de fiebre hemorrágica transmitidos por garrapatas y los virus productores de encefalitis transmitidos por picadura de insecto.

Pertenecen a esta categoría la fiebre amarilla, producida por un virus de la familia Flaviviridae y la tuberculosis multiresistente producida por el bacilo Mycobacteria tuberculosis.

Indicios de infección por bioterrorismo

Hay una serie de signos de alerta que nos pueden hacer sospechar que estamos ante casos de enfermedad por bioterrorismo. Por ejemplo, un aumento rápido del número de enfermos en una población que no está normalmente expuesta a riesgos.

Es también un elemento que ha de hacer sospechar en un ataque bioterrorista la aparición de casos de enfermos con cuadros respiratorios y gastrointestinales que en lugar de tender a la curación se agravan, dando un comportamiento anormal de los cuadros víricos a los que estamos acostumbrados. Los cuadros víricos normales son benignos y autolimitados en los sujetos sin factores de riesgo.

Si aparecen enfermos con enfermedades infecciosas, aunque sean propias del área donde vivimos pero que aparecen fuera de la época habitual, podemos también sospechar que la enfermedad es inducida artificialmente. Un ejemplo sería que comenzasen a aparecer gripes en agosto en España.

También se debe sospechar si aparecen más muertes de lo esperado estadísticamente. La sospecha es mayor si aparecen diagnósticos de enfermedades inusuales y mencionadas en las categorías “A” “B” o “C” en personas no expuestas a su padecimiento por viajes, trabajo, etc.

Circuito previsto para la sospecha de casos de víctimas de bioterrorismo

Para la atención de la población general está en primera línea el médico de cabecera y los servicios de urgencias de la atención primaria. Lo lógico es que los casos se detecten en este nivel de la asistencia, aunque pueden también ser detectados en las urgencias hospitalarias.

Ante la sospecha de enfermedad infecciosa por agentes de la guerra biológica se notifica a las autoridades sanitarias, en España a los departamentos de Salud Pública y Gerencias de Atención Primaria que rápidamente lo comunican a los responsables de Atención Especializada.

El paciente se deriva entre tanto a la Atención Especializada donde se valora al paciente, se recogen muestras y se inicia la quimioprofilaxis o tratamiento preventivo empírico. Dependiendo de la gravedad del paciente, se le ingresa y trata en medio hospitalario o se deriva de nuevo a su médico de cabecera para que efectúe un seguimiento y la continuación de su quimioprofilaxis.

Si se confirma la presencia de enfermedad por el examen de las muestras recogidas, el paciente recibirá el tratamiento específico para el germen aislado, al que se le hace un estudio para averiguar a qué medicamento es más sensible. Por supuesto si no se confirma la enfermedad la quimioprofilaxis se abandona de inmediato.