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domingo, 13 de julio de 2008

Antibióticos que causan problemas tóxicos al oído


Se llama ototoxicidad a un efecto nocivo que una sustancia puede ejercer sobre el oído. La ototoxicidad inducida por fármacos generalmente afecta al oído interno y se puede manifestar como toxicidad coclear o del órgano auditivo, que causa tinnitus o percepciones de sonidos anómalas y pérdida de audición.

También puede causar toxicidad vestibular con náuseas, vértigo, ataxia o movimientos anormales y vómitos. Esta alteración puede ser permanente o bien recuperarse una vez el agente nocivo deja de afectar al sujeto.

La frecuencia de ototoxicidad se desconoce pero podría estar entre 1,6 y 3 casos por cada 1000 pacientes tratados con cualquier fármaco.

Cómo se decide la ototoxicidad
No se puede establecer la causa de un daño cualquiera al organismo por la simple observación de la proximidad en el tiempo de la presumible causa y su efecto.

Con el fin de etiquetar un medicamento como ototóxico, es necesario que sea cuidadosamente estudiado desde los puntos de vista experimental y epidemiológico.

También se exige que el algoritmo de causalidad de Kark y Lasagna sea plausible. Esto incluye una secuencia temporal compatible, una plausibilidad biológica, un efecto ya conocido, una reexposición positiva, etc.

Antibióticos aminoglicósidos
Todos los aminoglicósidos que asociamos a ototoxicidad pueden dañar tanto el sistema coclear o de la audición como vestibular o del equilibrio. En el caso de daño coclear se afectan sobretodo las frecuencias altas.

La degeneración de las células puede ser irrecuperable y por lo tanto la sordera puede ser permanente. Un 50 % de los pacientes puede recuperar, de forma total o parcial, la pérdida de oído.


A pesar de que haya daño de las células vestibulares, los mecanismos adaptativos centrales cerebrales hacen que el paciente recupere muchas veces las alteraciones del equilibrio.


En la ototoxicidad de los aminoglicósidos la vía de administración del fármaco puede ser la vía oral, parenteral y la tópica (cutánea, conjuntival, peritoneal, intrabronquial). De todas formas la toxicidad depende de la dosis y es mucho más rara en el uso tópico de los medicamentos.


En general en este grupo de antibióticos entre un 7 y 13 por mil pacientes sufren algún grado de toxicidad. la polimixina B, polimixina E (colistina), vancomicina y ristocetina dentro de este grupo terapéutico, aunque no se trate de aminoglicósidos.

Capreomicina, dihidroestreptomicina (uno de las más ototóxicos), gentamicina, vancomicina, neomicina y framicetina son los antibióticos más conocidos entre los aminoglicósidos.


Paromomicina, tobramicina, viomicina, , ristocetina, amikacina y netilmicina son también aminoglicósidos causantes de no pocos problemas óticos, aunque su uso es más restringido.


Otros antibióticos ototóxicos
La eritromicina es un antibiótico macrólido muy empleado en alérgicos a penicilina. Produce afectación de forma predominante coclear en todas las frecuencias, generalmente reversible. Efecto adverso poco frecuente y se ha descrito para cualquier vía de administración.


La claritromicina es también potencialmente ototóxica, aunque se han descrito pocos casos. Lo mismo sucede con azitromicina. Ambos son macrólidos.


La doxiciclina es una tetraciclina, lo mismo que minocilina. La primera es ototóxica mientras que la segunda es tóxico vestibular.


Hay casos de toxicidad coclear o auditiva por cloranfenicol y teicoplamina y de toxicidad vestibular por cefalexina. La clindamicina se ha relacionado con tinnitus o percepciones de sonido inexistente, lo mismo que furazolidona, pero esta además se ha visto que causa sordera.


Las sulfonamidas se relacionan con ruidos anormales y vértigo. Metronidazol se ha visto en casos de ruidos anormales. El ácido nalidíxico ocasiona toxicidad vestibular y el cotrimoxazol sordera reversible.


Las gotas óticas

Algunos trabajos en animales de experimentación han demostrado que los tratamientos en gotas tópicas de antibióticos como gentamicina, neomicina, polimixina, estreptomicina, cloranfenicol y eritromicina) pueden dañar estructuras del oído medio.


Los excipientes de las gotas también pueden causar problemas, es el caso del propilenglicol, que suele ponerse en las gotas de cloranfenicol.