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jueves, 10 de enero de 2008

Apnea del sueño: tratamientos a la medida


La frecuencia de la apnea del sueño exige ser selectivos con el tratamiento que se aplica, dadas las implicaciones económicas y las controversias sobre su utilidad.

El tratamiento del síndrome de apnea del sueño está envuelto en controversias, debido a su alto coste y a la frecuencia de la enfermedad. La finalidad del tratamiento es, por un lado, combatir la somnolencia diurna y por otro a prevenir las consecuencias cardiovasculares a largo plazo.


Una de las características del tratamiento es la necesidad de una estrecha colaboración del paciente.



Medidas generales

Las medidas generales son de aplicación a todos los pacientes con apnea del sueño y son curativas en los casos leves. Es importante mantener una buena higiene del sueño, por ejemplo. Se ha demostrado que la irregularidad en las horas de sueño y la privación del mismo empeoran las pausas de apnea.


Es conveniente evitar la ingesta de alcohol, ya que el alcohol inhibe la tensión del músculo geniogloso, que es el encargado de abrir la faringe en cada respiración. El alcohol no sólo empeora las pausas de apnea en los sujetos que ya las tienen, sino que las crea en individuos que sin alcohol no las tendrían.


Los medicamentos relajantes y tranquilizantes producen mayor relajación del geniogloso y más obstrucción.


Dejar de fumar mejora el síndrome de apnea del sueño. Parece ser que el ronquido mejora al dejar de fumar y la obstrucción nasal también. La ganancia de peso que muchos pacientes experimentan al dejar de fumar debe ser contundentemente controlada.


Perder peso es una medida que mejora a los pacientes obesos con síndrome de apnea del sueño, que son más del 70 %. Más que el grado de sobrepeso lo que predice la severidad del síndrome es el diámetro del cuello. Aunque la pérdida de peso sea pequeña, la mejoría puede ser grande. Muchos de estos pacientes tienen dificultades para perder peso por la falta de actividad diurna y la baja secreción de hormona GH.


Es una ayuda evitar la posición en decúbito supino y optar por una posición lateral para dormir. La gravedad en esta posición lateral no es tan desfavorable para obstruir la faringe.


La nariz debe permanecer despejada, y esta medida controla muchas veces los casos leves de apnea del sueño. Pueden emplearse fármacos o dispositivos nasales.



Tratamiento

Se han intentado numerosos fármacos para intentar modificar las fases del sueño y también para estabilizar el estímulo central de la respiración durante el mismo. En general, no hay muy buenas experiencias en el tratamiento farmacológico aunque, quizá, el tratamiento con protriptilina y el acetato de medroxiprogesterona hayan obtenido alguna mejoría en casos leves.


El oxígeno se puede emplear en el síndrome de apnea del sueño como complementario de los dispositivos de presión positiva.


En algunos casos leves se puede emplear un tubo nasofarínfeo de 15 cm que el propio paciente introduce por la nariz. La punta queda dos centímetros por encima de la epiglotis.


Se pueden poner unos dispositivos de avance mandibular, parecidos a los que se usan en odontología. Modifican la postura mandibular y por tanto la posición del paladar blando y de la lengua, con lo que se logra despejar la vía aérea en algunos casos.


Hay también unos sujetadores de lengua, como una especie de funda, que mantienen la lengua en posición anterior durante el sueño. Parece dar buenos resultados pero solo se ha empleado en grupos de estudio en determinados pacientes.


Se han intentado neuroestimuladores del nervio hipogloso, ya que parecen disminuir el número de apneas. No está plenamente demostrada su utilidad clínica.



Dispositivos de presión positiva

Hoy por hoy, es el tratamiento de elección en el síndrome de apnea del sueño en adultos. El dispositivo contiene un generador que produce una presión de aire en la espiración y en la inspiración y previene la inspiración de anhídrido carbónico. El generador se une mediante un tubo corrugado a una mascarilla. Que se sujeta con arneses para que no se desplace.


El aparato funciona produciendo una presión que impide que se colapse la faringe. Parece ser que también tiene efecto en la estimulación de los músculos y mantenimiento de su tono.


El problema que tienen los dispositivos de presión positiva, tanto sean de presión continua como de presión diferente para inspiración y espiración es el cumplimiento de los pacientes. No se trata de un tratamiento muy bien aceptado.


Para casos seleccionados, graves, en los que no se tolera el dispositivo de presión se puede intentar la cirugía. En casos extremos se realiza la traqueotomía. La tonsilectomía y cirugía nasal estabilizan la vía aérea pero solo en el caso de los niños es tratamiento definitivo.


La uvulopalatinofaringoplastia es curativa en menos del 50 % de los casos y tiene muchos efectos secundarios. En casos muy concretos se puede realizar una osteotomía con avance maxilomandibular, cuando la obstrucción está claramente producida por una malformación craneofacial.

lunes, 7 de enero de 2008

La apnea del sueño puede acortar la vida


El síndrome de “apnea del sueño” se relaciona con el desarrollo de enfermedades como la hipertensión arterial, la cardiopatía isquémica y las enfermedades cerebrovasculares.

El denominado ‘síndrome de apnea del sueño’ consiste en episodios repetidos de obstrucción de la vía respiratoria durante el sueño, que ocasionan falta de entrada de aire durante más de 10 segundos. En la sangre se puede constatar la desaturación de oxígeno y el paciente se despierta intermitentemente.


Se cree que esta enfermedad afecta a un 2 % de mujeres y un 4 a 6 % de hombres y tiene una gran trascendencia porque produce como efecto somnolencia diurna y aumento de la tasa de accidentes. También produce otras enfermedades. Es más frecuente en obesos y en mayores de 40 años.


Causas de la apnea del sueño

La apnea del sueño ocurre por la obstrucción de la vía aérea superior a la altura de la faringe. La gravedad favorece que las paredes de la faringe cedan y se cierre algo la luz de la cavidad en posición de decúbito supino. Esta tendencia aumenta con la edad y con el exceso de peso, que hace que las paredes de la faringe estén sometidas a la presión de la grasa circundante.


Es factor de riesgo para el desarrollo del síndrome el tener cuello corto y mandíbulas pequeñas, así como otras malformaciones craneofaciales, entre las que cabe destacar por su frecuencia las amígdalas grandes, el paladar blando agrandado, la base de la lengua grande y la estrechez de las coanas posteriores.


Realmente se debería de ver el síndrome como un fallo del equilibrio entre los factores que disminuyen la luz de la faringe a cualquier nivel y los factores que tienden a dilatar dicha luz. El músculo geniogloso es el dilatador específico de la faringe y se mueve sincrónicamente con los movimientos respiratorios.


Otro músculo que abre la luz es el tensor del velo del paladar y este no es sincrónico con los movimientos respiratorios. Su pérdida de tono tiene mucha importancia en la apnea del sueño. La pérdida de tono durante el sueño se relaciona con la aparición del síndrome.

Síntomas del síndrome de apnea del sueño

Durante la noche los afectados pueden tener un ronquido sonoro y molesto. El ronquido se acompaña de pausas en las que por más de 10 segundos el paciente no respira, lo que conocemos como ‘pausas de apnea’. Siguen a estas pausas despertares bruscos, breves, con sensación de ahogo. No siempre son conscientes.


Pueden aparecer también durante la noche síntomas como la sialorrea o hipersalivación, boca seca, sudoración profusa, reflujo gastroesofágico y nicturia o necesidad de orinar durante las noches.


Durante el día el paciente tiene somnolencia excesiva y cansancio. Los afectados pueden estar irritables, pueden tener cambios en la personalidad y mostrarse ansiosos o deprimidos. La capacidad intelectual puede disminuir, así como los reflejos. Se ha visto también disminución de la libido e impotencia, así como cefalea matutina e hipoacusia.


Consecuencias de la apnea del sueño a largo plazo

Con cada episodio de apnea, se produce falta de oxígeno en los tejidos, aumento de la concentración de anhídrido carbónico, acidosis o disminución del pH sanguíneo y aumento de la actividad del sistema nervioso simpático que origina vasoconstricción arterial.


También los grandes cambios de la presión intratorácica que se producen con los esfuerzos para vencer la obstrucción ocasionan alteraciones en el retorno venoso y el llenado ventricular.


A largo plazo, estas respuestas del organismo frente a la obstrucción dan lugar a un aumento de la mortalidad. Se ha visto por ejemplo que entre los enfermos de apnea del sueño hay el doble de hipertensos que en la población general.


También aumenta en tres veces el riesgo de cardiopatía isquémica o falta de riego coronario que da lugar a infartos o angina de pecho. Lo más espectacular es el incremento de accidentes cerebrovasculares, que multiplica por cuatro el riesgo de la población general.


Diagnóstico de la apnea del sueño

Cuando este síndrome se sospecha se realiza una prueba denominada poligrafía o polisomnografía que estudia la respiración durante el sueño. Es fundamental para confirmar las pausas de apnea que definen el síndrome.


La polisomnografía incluye un registro electroencefalográfico en al menos una derivación, para registrar el paso a la fase REM del sueño. También se aconseja una derivación de ondas occipitales, para identificar el paso de la vigilia a la fase I del sueño.


También se incluyen en la polisomnografía un electromiograma, electrooculograma, electrocardiograma, flujo aéreo nasobucal mediante neumotacógrafo, esfuerzo respiratorio mediante bandas elásticas en el tórax, saturación de oxígeno y registro de las posiciones corporales. A veces, se incluye un registro del ronquido que se hace mediante micrófono traqueal.


Se considera diagnóstico del síndrome la presencia de diez apneas o hipopneas por hora de sueño. Para matizar la gravedad debe saberse la sintomatología que percibe el paciente, el grado de desaturación de oxígeno en sangre y la asociación o no a enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares o respiratorias.