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lunes, 7 de enero de 2008

La apnea del sueño puede acortar la vida


El síndrome de “apnea del sueño” se relaciona con el desarrollo de enfermedades como la hipertensión arterial, la cardiopatía isquémica y las enfermedades cerebrovasculares.

El denominado ‘síndrome de apnea del sueño’ consiste en episodios repetidos de obstrucción de la vía respiratoria durante el sueño, que ocasionan falta de entrada de aire durante más de 10 segundos. En la sangre se puede constatar la desaturación de oxígeno y el paciente se despierta intermitentemente.


Se cree que esta enfermedad afecta a un 2 % de mujeres y un 4 a 6 % de hombres y tiene una gran trascendencia porque produce como efecto somnolencia diurna y aumento de la tasa de accidentes. También produce otras enfermedades. Es más frecuente en obesos y en mayores de 40 años.


Causas de la apnea del sueño

La apnea del sueño ocurre por la obstrucción de la vía aérea superior a la altura de la faringe. La gravedad favorece que las paredes de la faringe cedan y se cierre algo la luz de la cavidad en posición de decúbito supino. Esta tendencia aumenta con la edad y con el exceso de peso, que hace que las paredes de la faringe estén sometidas a la presión de la grasa circundante.


Es factor de riesgo para el desarrollo del síndrome el tener cuello corto y mandíbulas pequeñas, así como otras malformaciones craneofaciales, entre las que cabe destacar por su frecuencia las amígdalas grandes, el paladar blando agrandado, la base de la lengua grande y la estrechez de las coanas posteriores.


Realmente se debería de ver el síndrome como un fallo del equilibrio entre los factores que disminuyen la luz de la faringe a cualquier nivel y los factores que tienden a dilatar dicha luz. El músculo geniogloso es el dilatador específico de la faringe y se mueve sincrónicamente con los movimientos respiratorios.


Otro músculo que abre la luz es el tensor del velo del paladar y este no es sincrónico con los movimientos respiratorios. Su pérdida de tono tiene mucha importancia en la apnea del sueño. La pérdida de tono durante el sueño se relaciona con la aparición del síndrome.

Síntomas del síndrome de apnea del sueño

Durante la noche los afectados pueden tener un ronquido sonoro y molesto. El ronquido se acompaña de pausas en las que por más de 10 segundos el paciente no respira, lo que conocemos como ‘pausas de apnea’. Siguen a estas pausas despertares bruscos, breves, con sensación de ahogo. No siempre son conscientes.


Pueden aparecer también durante la noche síntomas como la sialorrea o hipersalivación, boca seca, sudoración profusa, reflujo gastroesofágico y nicturia o necesidad de orinar durante las noches.


Durante el día el paciente tiene somnolencia excesiva y cansancio. Los afectados pueden estar irritables, pueden tener cambios en la personalidad y mostrarse ansiosos o deprimidos. La capacidad intelectual puede disminuir, así como los reflejos. Se ha visto también disminución de la libido e impotencia, así como cefalea matutina e hipoacusia.


Consecuencias de la apnea del sueño a largo plazo

Con cada episodio de apnea, se produce falta de oxígeno en los tejidos, aumento de la concentración de anhídrido carbónico, acidosis o disminución del pH sanguíneo y aumento de la actividad del sistema nervioso simpático que origina vasoconstricción arterial.


También los grandes cambios de la presión intratorácica que se producen con los esfuerzos para vencer la obstrucción ocasionan alteraciones en el retorno venoso y el llenado ventricular.


A largo plazo, estas respuestas del organismo frente a la obstrucción dan lugar a un aumento de la mortalidad. Se ha visto por ejemplo que entre los enfermos de apnea del sueño hay el doble de hipertensos que en la población general.


También aumenta en tres veces el riesgo de cardiopatía isquémica o falta de riego coronario que da lugar a infartos o angina de pecho. Lo más espectacular es el incremento de accidentes cerebrovasculares, que multiplica por cuatro el riesgo de la población general.


Diagnóstico de la apnea del sueño

Cuando este síndrome se sospecha se realiza una prueba denominada poligrafía o polisomnografía que estudia la respiración durante el sueño. Es fundamental para confirmar las pausas de apnea que definen el síndrome.


La polisomnografía incluye un registro electroencefalográfico en al menos una derivación, para registrar el paso a la fase REM del sueño. También se aconseja una derivación de ondas occipitales, para identificar el paso de la vigilia a la fase I del sueño.


También se incluyen en la polisomnografía un electromiograma, electrooculograma, electrocardiograma, flujo aéreo nasobucal mediante neumotacógrafo, esfuerzo respiratorio mediante bandas elásticas en el tórax, saturación de oxígeno y registro de las posiciones corporales. A veces, se incluye un registro del ronquido que se hace mediante micrófono traqueal.


Se considera diagnóstico del síndrome la presencia de diez apneas o hipopneas por hora de sueño. Para matizar la gravedad debe saberse la sintomatología que percibe el paciente, el grado de desaturación de oxígeno en sangre y la asociación o no a enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares o respiratorias.