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lunes, 20 de octubre de 2008

Las otras víctimas de las tragedias: los sobrevivientes

Las personas que sobreviven a una tragedia son a su vez víctimas de la misma, ya que quedan marcadas para siempre.

En una gran catástrofe siempre hay víctimas no mortales. Son las personas que se encuentran con la tragedia, han sido expuestas a la misma o han sido testigos de la muerte.

La capacidad de absorber y sentir la muerte se facilita con los ritos que los distintos cultos ofrecen. El duelo no es fácil para los sobrevivientes que no encuentran los restos mortales de los suyos.

Los sobrevivientes requieren un cuidado especial porque sus vidas quedan marcadas para siempre por la catástrofe que han vivido. El psiquiatra Lifton, tras estudiar a las víctimas de Hirosima, los campos de concentración nazi, la guerra de Vietnam y la inundación de Búfalo Creek, agrupó en cinco categorías las reacciones psicológicas de las víctimas no mortales de las catástrofes.


La huella de la muerte
En esta reacción psicológica la víctima sobreviviente mantiene la imagen indeleble de la muerte. Las imágenes más crudas y grotescas, las escenas de espanto y destrucción, se apoderan de la mente del sujeto y no puede desprenderse de ellas.

La dureza de las vivencias es impensable para el resto de las personas. Alaridos, dolor, separación de los seres queridos o compañeros de trabajo, escenas de pánico, muerte y desolación persiguen a muchos sobrevivientes.

Las imágenes pueden paralizar al sobreviviente, que en ocasiones parece que se ha parado en el tiempo. Lo que para algunas personas resulta paralizante puede ser para otras fuente de conocimiento y energía para el futuro.

Sentimiento de culpabilidad
Es frecuente que las personas que no mueren en una tragedia sientan sensación de culpa por no haber muerto. Es una reacción psicológica que nace de la vivencia de impotencia durante la catástrofe. Reviven los momentos de pánico y se preguntan por qué no hicieron algo para salvar a otras personas.

Otra expresión de esta reacción psicológica es la sensación de culpa por no haber mostrado más vivamente las emociones de ira o de compasión por las víctimas mortales.

Insensibilidad psíquica
Es una reacción paradójica. Se manifiesta por una incapacidad transitoria para sentir. La mente se paraliza, hay un defecto de funcionamiento de la percepción y de la respuesta emocional.

Las víctimas que sufren este tipo de reacción están aparentemente serenas, anormalmente serenas. La mente se encuentra en un límite en el que no pueden sentir más y la capacidad de asimilar el horror desaparece. Cuando este efecto paralizante de la percepción y la emotividad se recupera, aparece también el sentimiento de culpa.

Rechazo de las atenciones y cuidados
Un cierto número de los afectados por catástrofes no desean ningún tipo de ayuda. Rechazan los cuidados psicológicos y hasta las ayudas materiales. Solo desean huir y sienten que las ayudas que se les ofrecen son falsas.

En otra variante de este tipo de reacción la víctima puede tratar de evitar las ayudas para no mostrar debilidad. En ambos casos solo se encuentran reconfortados en compañía de otras víctimas.

Búsqueda de un significado del desastre
El último tipo de reacción psicológica agrupa aquellos casos en los que los afectados buscan incansablemente una explicación trascendente a la desgracia. Son víctimas que interpretan lo sucedido como un castigo o una llamada de atención de la divinidad o del destino.

En este tipo de reacciones el sobreviviente busca en el plano de lo espiritual una respuesta que calme su ansiedad por no conocer la causa de la catástrofe. En dependencia de las creencias previas de la persona la respuesta es más religiosa o más en el plano de las fuerzas ocultas o del destino.

Según el tipo de tragedia los afectados pueden elaborar complicadas y absurdas teorías sobre fuerzas políticas ocultas o grupos de presión inexistentes que se enfrentan a las explicaciones oficiales y más lógicas.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Cuestiones sobre la psicopatología de la guerra

La guerra afecta a los individuos trasformando la vida en incertidumbre y cambiando las pautas de conducta, sentimientos y emociones.


El mundo se encuentra de nuevo inmerso en una guerra. Muchas personas que no han tenido la experiencia de un conflicto tienen una imagen de la guerra como un cuento infantil en el que dos ejércitos se enfrentan en un campo de batalla. Como consecuencia colateral de la lucha, la violencia y las consecuencias trágicas podrían salpicar a los civiles.

Esta es una visión muy poco realista de los acontecimientos bélicos. Lo más perturbador de la guerra es que acaba con el orden de la vida cotidiana y transforma en inseguridad todo aquello que en la paz es un valor seguro. El trabajo, el hogar, la familia, incluso la continuidad de la propia vida y el futuro pasan a ser una incógnita.

Por otra parte la población civil sufre las acciones diseñadas específicamente por el enemigo y que van encaminadas a debilitar voluntades y vencer a través del miedo. Este efecto ha sido siempre utilizado y por ello el pillaje y los excesos, los crímenes de guerra en definitiva, son poco combatidos y hasta alentados por los mandos militares.

Hoy día estas acciones sobre la población civil se han sofisticado hasta el límite de la crueldad como se ha ido viendo por los resultados de la guerra en la antigua Yugoslavia, Irak o Afganistán.

Daños de la guerra a las personas
No pasan desapercibidas en las catástrofes y conflictos bélicos las necesidades de la población afectada. Se necesita atención médica, cuidados, comida y agua, así como alojamiento. Podemos afirmar que las demandas de ayuda son comprendidas incluso por el bando vencedor y no es nada extraño que partan inmediatamente ayudas económicas y materiales urgentes para la población desfavorecida.

El sufrimiento físico parece que tiene siempre remedio a través de la movilización de ayudas. Pero hay un sufrimiento casi siempre olvidado e incluso a veces ocultado que corresponde a los nefastos efectos psicológicos que se producen en estas circunstancias sobre las víctimas de las catástrofes bélicas.

Los problemas psicosociales son con frecuencia apartados como males menores y se le supone a la sociedad en su conjunto y a los individuos uno a uno, la capacidad de remontar las consecuencias de la guerra.

Efectos traumáticos de la guerra
Las consecuencias de los conflictos y las guerras sobre las emociones, los sentimientos y las mentes de quienes padecen los enfrentamientos bélicos son graves y dejan secuelas en las sociedades, como lo hacen en los individuos.

Los efectos traumáticos de la guerra son tan extensos que no pueden encuadrarse en un solo término psicodiagnóstico. Las respuestas a los hechos traumáticos pueden ser emocionales. El individuo en estos casos puede mostrar rabia, terror, desamparo, ansiedad y depresión. La reacción más grave sería el ‘shock’ o estado paralizante en el que el sujeto se desconecta del medio.

Entre las reacciones cognitivas a la guerra puede encontrarse confusión, disociación, desorientación, auto-culpabilidad, y pensamientos irracionales.

También existen reacciones orgánicas como la fatiga, insomnio y las pesadillas. La hiperactividad es también una reacción orgánica al trauma de la guerra. Las víctimas de los conflictos pueden ser, además de los muertos, los sobrevivientes.


También los conflictos pueden causar graves trastornos conductuales como alienación, separación social, problemas en las relaciones interpersonales y conyugales, drogadicción y alcoholismo. En los niños puede verse un retroceso en el comportamiento y otros trastornos de conducta.

Trastorno de estrés postraumático
Todos estos trastornos pueden perdurar en el tiempo y marcar para siempre las vidas de muchos seres humanos. Hay por desgracia muchos ejemplos de los efectos de la guerra a largo plazo y que pueden ser aún hoy observados en los sobrevivientes de los campos de concentración nazis o en los veteranos de la guerra de Vietnam.

El trauma provoca un trastorno físico brutal en la experiencia ordinaria, que deja a la persona desamparada, a merced de un mundo que de pronto se convierte en imprevisible y peligroso, violento y que amenaza la vida. Se conoce a esta alteración como ‘trastorno de estrés postraumático’.

Se caracteriza este trastorno porque las creencias sobre uno mismo y el mundo son aniquiladas, se experimenta un sentimiento de pérdida, surge la desconfianza y los sentimientos de inseguridad, la víctima se considera culpable de lo sucedido y se desequilibra la propia personalidad.

La paz como deseo universal de los individuos
A pesar de las numerosas guerras recientes y de las muchas experiencias de sufrimiento humano inútil, parece que las personas no hemos aprendido a evitar los conflictos. Los políticos, los sociólogos, los economistas, los historiadores y los estudiosos del comportamiento humano, deberían buscar alternativas globales para solucionar la falta de entendimiento.

Sigue siendo un misterio cómo a pesar de ser la vida en paz un deseo universal de todos los individuos, la guerra sigue siendo la salida oficial para todas las discrepancias de cierto relieve. Salvo psicópatas y otros trastornados, nadie quiere en modo alguno la guerra, sino vivir en paz con sus semejantes.