
Los ensayos clínicos tienen varias fases, la última de ellas comprende la experimentación en voluntarios. Las conclusiones de estos estudios experimentales ayudan al progreso de la ciencia médica.
La legislación de cada país regula cómo se deben seleccionar los ensayos clínicos. En España, por ejemplo, se precisa que los ensayos clínicos sean aprobados por comités éticos. Estos órganos están regidos por el decreto 468/1994, de 13 de diciembre, y entraron en vigor el 22 de enero de 1995.
Normas éticas de los ensayos clínicos
Para poder realizar los ensayos clínicos es necesario disponer de un amplio número de pacientes dispuestos a participar. Los diseñadores del estudio deben siempre informar y contar con el consentimiento informado del paciente.
Este consentimiento está condicionado por el tipo y estadio de la enfermedad y por los posibles efectos adversos del tratamiento, que pueden ser potencialmente graves y frecuentes.
Otro de los aspectos que condicionan estos estudios son las comparaciones con placebo, que no siempre están indicadas. Se aconseja utilizar esta sustancias neutrales en cuanto a utilidad en pacientes con depresión, ya que está comprobado que puede tener una respuesta que oscila entre el 25 y 40 por ciento. No obstante, está totalmente desaconsejado en estudios sobre la epilepsia, por ejemplo.
La elección del tipo de pacientes sobre los que se quiere realizar el ensayo tiene también mucha importancia. En los enfermos de cáncer debe tenerse en cuenta el tipo histológico del tumor y estadio del mismo, la clase de lesiones, la edad, las funciones hematológicas, hepáticas, renales y cardiacas.
No se deben incluir en los estudios mujeres embarazadas o en periodos de lactancia. No se deben aceptar pacientes que tengan otra enfermedad o que hayan padecido un proceso maligno previo. Además los enfermos deben estar accesibles para el tratamiento y el seguimiento, y la esperanza de vida debe ser superior a los límites que se decidan en el estudio.
La red como forma de reclutar pacientes para los ensayos clínicos
Los primeros movimientos que se realizaron en Internet en torno a los ensayos clínicos provenían de pacientes norteamericanos desahuciados que solicitaban una esperanza con tratamientos aún no aprobados. Era el año 1993. Desde entonces se han desarrollado recursos en la red para efectuar reclutamientos de voluntarios.
En Estados Unidos existen cuatro grandes recursos de búsqueda para ensayos que se financian con capital de empresas farmacéuticas interesadas. Las compañías biotecnológicas han encontrado una forma rápida de reclutamiento de pacientes, cobayas humanos, mediante páginas que se presentan como un servicio público.
Los sitios web
"Veritas Medicine" http://www.veritasmedicine.com/ (en inglés) es un sitio gestionado por un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard. En la web se reclutan pacientes para ensayos. La persona interesada solo tiene que entrar en la página y rellenar una pequeña historia clínica, el potente buscador de la web hace el resto y ofrece una lista con los ensayos que proceden con los datos del paciente.
"Emergingmed.com" http://www.emergingmed.com/ (en inglés) ofrece ensayos a los usuarios pero además el paciente tiene la posibilidad de contactar confidencialmente con el equipo que realiza la página. En esta web el paciente puede tener acceso a su historia clínica y cambiar los datos o actualizarla.
Otro sitio interesante es "Americasdoctor.com" http://www.americasdoctor.com/ (en inglés) que incorpora un buscador de los profesionales responsables de un ensayo clínico que se adapte al paciente.
Mediante "Acurian.com" http://www.acurian.com/ (en inglés) el usuario de esta web puede crear una base de datos personal de enlaces y noticias interesantes sobre la especialidad que le interese.
Una visión crítica
En un primer momento parece que estos servicios solo ofrecen ventajas a todo el mundo. Los participantes encuentran esperanza en nuevas alternativas terapéuticas, las industrias encuentran voluntarios y los investigadores no tienen más problemas para encontrar pacientes que acepten someterse a un experimento.
Una segunda lectura podría no ser tan optimista. Un paciente perfectamente controlado con un tratamiento ya aprobado podría querer abandonarlo con escaso criterio médico, solo por intentar mejorar su pronóstico. Muchas personas podrían lanzarse a lo desconocido cuando con los tratamientos tradicionales tienen grandes probabilidades de mejorar o curar.
Una vez más la confianza y el diálogo con el médico personal puede actuar como contrapeso y dar al paciente una visión más completa de la realidad, teniendo en cuenta que es raro que el paciente tenga todos los datos de su proceso y conozca todas las posibilidades de su tratamiento tradicional.
Hay que extremar las consideraciones éticas cuando se trabaja con voluntarios enfermos en la quinta y última fase de los ensayos que se llevan a cabo para aprobar nuevos fármacos o nuevas técnicas terapéuticas.





