lunes, 20 de octubre de 2008

Las otras víctimas de las tragedias: los sobrevivientes

Las personas que sobreviven a una tragedia son a su vez víctimas de la misma, ya que quedan marcadas para siempre.

En una gran catástrofe siempre hay víctimas no mortales. Son las personas que se encuentran con la tragedia, han sido expuestas a la misma o han sido testigos de la muerte.

La capacidad de absorber y sentir la muerte se facilita con los ritos que los distintos cultos ofrecen. El duelo no es fácil para los sobrevivientes que no encuentran los restos mortales de los suyos.

Los sobrevivientes requieren un cuidado especial porque sus vidas quedan marcadas para siempre por la catástrofe que han vivido. El psiquiatra Lifton, tras estudiar a las víctimas de Hirosima, los campos de concentración nazi, la guerra de Vietnam y la inundación de Búfalo Creek, agrupó en cinco categorías las reacciones psicológicas de las víctimas no mortales de las catástrofes.


La huella de la muerte
En esta reacción psicológica la víctima sobreviviente mantiene la imagen indeleble de la muerte. Las imágenes más crudas y grotescas, las escenas de espanto y destrucción, se apoderan de la mente del sujeto y no puede desprenderse de ellas.

La dureza de las vivencias es impensable para el resto de las personas. Alaridos, dolor, separación de los seres queridos o compañeros de trabajo, escenas de pánico, muerte y desolación persiguen a muchos sobrevivientes.

Las imágenes pueden paralizar al sobreviviente, que en ocasiones parece que se ha parado en el tiempo. Lo que para algunas personas resulta paralizante puede ser para otras fuente de conocimiento y energía para el futuro.

Sentimiento de culpabilidad
Es frecuente que las personas que no mueren en una tragedia sientan sensación de culpa por no haber muerto. Es una reacción psicológica que nace de la vivencia de impotencia durante la catástrofe. Reviven los momentos de pánico y se preguntan por qué no hicieron algo para salvar a otras personas.

Otra expresión de esta reacción psicológica es la sensación de culpa por no haber mostrado más vivamente las emociones de ira o de compasión por las víctimas mortales.

Insensibilidad psíquica
Es una reacción paradójica. Se manifiesta por una incapacidad transitoria para sentir. La mente se paraliza, hay un defecto de funcionamiento de la percepción y de la respuesta emocional.

Las víctimas que sufren este tipo de reacción están aparentemente serenas, anormalmente serenas. La mente se encuentra en un límite en el que no pueden sentir más y la capacidad de asimilar el horror desaparece. Cuando este efecto paralizante de la percepción y la emotividad se recupera, aparece también el sentimiento de culpa.

Rechazo de las atenciones y cuidados
Un cierto número de los afectados por catástrofes no desean ningún tipo de ayuda. Rechazan los cuidados psicológicos y hasta las ayudas materiales. Solo desean huir y sienten que las ayudas que se les ofrecen son falsas.

En otra variante de este tipo de reacción la víctima puede tratar de evitar las ayudas para no mostrar debilidad. En ambos casos solo se encuentran reconfortados en compañía de otras víctimas.

Búsqueda de un significado del desastre
El último tipo de reacción psicológica agrupa aquellos casos en los que los afectados buscan incansablemente una explicación trascendente a la desgracia. Son víctimas que interpretan lo sucedido como un castigo o una llamada de atención de la divinidad o del destino.

En este tipo de reacciones el sobreviviente busca en el plano de lo espiritual una respuesta que calme su ansiedad por no conocer la causa de la catástrofe. En dependencia de las creencias previas de la persona la respuesta es más religiosa o más en el plano de las fuerzas ocultas o del destino.

Según el tipo de tragedia los afectados pueden elaborar complicadas y absurdas teorías sobre fuerzas políticas ocultas o grupos de presión inexistentes que se enfrentan a las explicaciones oficiales y más lógicas.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Cuestiones sobre la psicopatología de la guerra

La guerra afecta a los individuos trasformando la vida en incertidumbre y cambiando las pautas de conducta, sentimientos y emociones.


El mundo se encuentra de nuevo inmerso en una guerra. Muchas personas que no han tenido la experiencia de un conflicto tienen una imagen de la guerra como un cuento infantil en el que dos ejércitos se enfrentan en un campo de batalla. Como consecuencia colateral de la lucha, la violencia y las consecuencias trágicas podrían salpicar a los civiles.

Esta es una visión muy poco realista de los acontecimientos bélicos. Lo más perturbador de la guerra es que acaba con el orden de la vida cotidiana y transforma en inseguridad todo aquello que en la paz es un valor seguro. El trabajo, el hogar, la familia, incluso la continuidad de la propia vida y el futuro pasan a ser una incógnita.

Por otra parte la población civil sufre las acciones diseñadas específicamente por el enemigo y que van encaminadas a debilitar voluntades y vencer a través del miedo. Este efecto ha sido siempre utilizado y por ello el pillaje y los excesos, los crímenes de guerra en definitiva, son poco combatidos y hasta alentados por los mandos militares.

Hoy día estas acciones sobre la población civil se han sofisticado hasta el límite de la crueldad como se ha ido viendo por los resultados de la guerra en la antigua Yugoslavia, Irak o Afganistán.

Daños de la guerra a las personas
No pasan desapercibidas en las catástrofes y conflictos bélicos las necesidades de la población afectada. Se necesita atención médica, cuidados, comida y agua, así como alojamiento. Podemos afirmar que las demandas de ayuda son comprendidas incluso por el bando vencedor y no es nada extraño que partan inmediatamente ayudas económicas y materiales urgentes para la población desfavorecida.

El sufrimiento físico parece que tiene siempre remedio a través de la movilización de ayudas. Pero hay un sufrimiento casi siempre olvidado e incluso a veces ocultado que corresponde a los nefastos efectos psicológicos que se producen en estas circunstancias sobre las víctimas de las catástrofes bélicas.

Los problemas psicosociales son con frecuencia apartados como males menores y se le supone a la sociedad en su conjunto y a los individuos uno a uno, la capacidad de remontar las consecuencias de la guerra.

Efectos traumáticos de la guerra
Las consecuencias de los conflictos y las guerras sobre las emociones, los sentimientos y las mentes de quienes padecen los enfrentamientos bélicos son graves y dejan secuelas en las sociedades, como lo hacen en los individuos.

Los efectos traumáticos de la guerra son tan extensos que no pueden encuadrarse en un solo término psicodiagnóstico. Las respuestas a los hechos traumáticos pueden ser emocionales. El individuo en estos casos puede mostrar rabia, terror, desamparo, ansiedad y depresión. La reacción más grave sería el ‘shock’ o estado paralizante en el que el sujeto se desconecta del medio.

Entre las reacciones cognitivas a la guerra puede encontrarse confusión, disociación, desorientación, auto-culpabilidad, y pensamientos irracionales.

También existen reacciones orgánicas como la fatiga, insomnio y las pesadillas. La hiperactividad es también una reacción orgánica al trauma de la guerra. Las víctimas de los conflictos pueden ser, además de los muertos, los sobrevivientes.


También los conflictos pueden causar graves trastornos conductuales como alienación, separación social, problemas en las relaciones interpersonales y conyugales, drogadicción y alcoholismo. En los niños puede verse un retroceso en el comportamiento y otros trastornos de conducta.

Trastorno de estrés postraumático
Todos estos trastornos pueden perdurar en el tiempo y marcar para siempre las vidas de muchos seres humanos. Hay por desgracia muchos ejemplos de los efectos de la guerra a largo plazo y que pueden ser aún hoy observados en los sobrevivientes de los campos de concentración nazis o en los veteranos de la guerra de Vietnam.

El trauma provoca un trastorno físico brutal en la experiencia ordinaria, que deja a la persona desamparada, a merced de un mundo que de pronto se convierte en imprevisible y peligroso, violento y que amenaza la vida. Se conoce a esta alteración como ‘trastorno de estrés postraumático’.

Se caracteriza este trastorno porque las creencias sobre uno mismo y el mundo son aniquiladas, se experimenta un sentimiento de pérdida, surge la desconfianza y los sentimientos de inseguridad, la víctima se considera culpable de lo sucedido y se desequilibra la propia personalidad.

La paz como deseo universal de los individuos
A pesar de las numerosas guerras recientes y de las muchas experiencias de sufrimiento humano inútil, parece que las personas no hemos aprendido a evitar los conflictos. Los políticos, los sociólogos, los economistas, los historiadores y los estudiosos del comportamiento humano, deberían buscar alternativas globales para solucionar la falta de entendimiento.

Sigue siendo un misterio cómo a pesar de ser la vida en paz un deseo universal de todos los individuos, la guerra sigue siendo la salida oficial para todas las discrepancias de cierto relieve. Salvo psicópatas y otros trastornados, nadie quiere en modo alguno la guerra, sino vivir en paz con sus semejantes.

sábado, 2 de agosto de 2008

Una forma de maltrato: el acoso moral


Torturar a los semejantes con refinamiento es la finalidad del acoso moral

El acoso moral es procedimiento de destrucción de la persona que es llevado a cabo por otra persona mediante procedimientos indirectos, ademanes, palabras de desprecio y de humillación. Hablamos de acoso cuando la situación se produce en un periodo largo y continuado.

A veces en esta violencia perversa está incluido todo un grupo, toda una familia o todo un ambiente laboral. Lo que caracteriza la perversidad es no considerar al otro como una persona sino como un objeto utilizable. El maltratador moral puede utilizar, desechar y humillar a su víctima.

El agresor de darse importancia rebajando a los demás y evitar así cualquier conflicto interno. La responsabilidad recae en la víctima. Lo único que les interesa es alcanzar el poder o mantenerse en él ocultando sus incompetencias o debilidadesNo hay un patrón único de acosador moral. Puede ser un padre o madre, un cónyuge o un superior en el ámbito laboral. A todos une el mismo fin, destruir moralmente a su víctima, sin que esta acción pueda atribuirse al acosador.

Las palabras como armas
La sutileza del acoso moral causa escalofríos. Normalmente el acosador causa desesperación en su víctima y desde su tranquilidad presenta al acosado como un histérico o un desequilibrado, simplemente porque grita o se rebela

El acosador moral suele emplear las palabras como auténticas armas arrojadizas. Transmiten sus mensajes mediante alusiones, mediante sobreentendidos, sin comprometerse pero dando en el blanco y provocando el terror en el acosado

Incluso cuando el tono de la conversación con su víctima es más fuerte, el tono del agresor no suele subir, incluso baja y se hace más sugerente. Disfruta provocando la pérdida de control de su víctima, y su nerviosismo le produce placer.

No es infrecuente que haga aparecer a la víctima como causa del problema, aprovechando su desesperación y sus reacciones de defensa como argumentos de una supuesta agresividad

La comunicación paradójica
La comunicación paradójica supone decir algo y transmitir al mismo tiempo otro mensaje. Los acosadores morales transmiten mensajes sutiles que no se perciben inmediatamente como agresivos o destructores. Y no se perciben como agresivos, porque simultáneamente otro mensaje contradice el primero.

Cuando la víctima del acosador está bajo el dominio del mismo se consigue que el doble mensaje se desenrolle y sea interpretado según la intención del acosador. Un ejemplo de doble mensaje sería el que expresa algo verbalmente pero expresa todo lo contrario a nivel no verbal.

Es frecuente que los acosadores morales digan algo muy amable, un elogio, pero con un tono amenazador. Los testigos sólo oyen un cumplido, pero la víctima descodifica el mensaje y entiende la amenaza.

La víctima se acobarda y no suele reaccionar
El acoso empieza de forma anodina y poco evidente. Los ataques se van multiplicando y la víctima es cada vez más acosada, situada en un nivel de inferioridad, descalificada, hasta que revienta, no puede más y enferma. Es muy típico que ese momento sea aprovechado por el acosador para denunciar que el acosado es débil, depresivo o que está enfermo. Se trata de un procedimiento de depredación con el objetivo fijo de destruir a una persona.

Las víctimas no caen en la trampa porque sean masoquistas o porque les guste el sufrimiento. Caen porque se les impide entender este tipo de situaciones. La instauración de una situación de dominio, que paraliza a la víctima y le impide defenderse es una condición previa.

El agresor mantiene a la víctima en una relación de dependencia e incluso de propiedad, para que el agresor compruebe su omnipotencia. Se busca mantener a la víctima bajo dominio para frustrarla permanentemente

Una solución complicada
Una de las características de la violencia moral es su sutileza y difícil detección. Muchas víctimas ni siquiera saben que lo son, pero llevan amargas existencias pensando de sí mismos que son torpes o inferiores a los demás. En el caso de los niños es cruel, porque los niños siempre defienden a sus padres

La negación de la violencia es lo que impide encontrar una solución. Todo lo que dice la víctima para defenderse queda deformado para que se sienta culpable. Los observadores no pueden detectar algo más que bromas o pequeños ataques verbales totalmente inofensivos

La única solución es el desenmascaramiento de los maltratadores y el apoyo a las víctimas para que salgan de su apatía y defiendan sus posiciones en un plano de igualdad. Probablemente los maltratadores tengan muy mal pronóstico casi siempre incapaces de enfrentarse a un mundo donde ya no son líderes.

lunes, 21 de julio de 2008

Causas del incremento de la infertilidad masculina

Cada vez más artículos científicos piden a la OMS una revisión sobre los estándares de los seminogramas. ¿Por qué hay más infertilidad hoy?

Más del 15 % de las parejas con deseos de ser padres tienen un problema de fertilidad. Más o menos la mitad de los casos se debe al factor masculino y existe la sensación de que este factor masculino está aumentando.

La infertilidad masculina puede deberse a muchas enfermedades hormonales, genéticas y cromosómicas. También puede deberse a tumores y malformaciones del tracto genitourinario. En el estudio de las causas requiere un examen físico completo y también un estudio de los genitales. La prueba complementaria principal es el seminograma.

Estudio del semen, el seminograma
Las alteraciones que pueden existir en los espermatozoides se estudian en el seminograma. El seminograma estudia la morfología y la funcionalidad, así como otros parámetros: volumen del semen eyaculado, densidad o recuento total de espermatozoides, movilidad de los mismos, morfología o número de formas normales, aglutinación, presencia de células inflamatorias y licuefacción seminal.

Deben tomarse dos muestras obtenidas mediante masturbación, con periodos de abstinencia de relaciones sexuales superiores a 3-5 días.
  1. El volumen normal de semen es de 1,5 a 5 ml.

  2. El número de espermatozoides se considera normal si es superior 20.000.000/ml según las directrices vigentes de la OMS. Recientes trabajos publicados en las revistas científicas solicitan a la OMS que varíe las cifras consideradas normales de los parámetros del seminograma. El recuento se consideraría normal por encima de 48.000.000/ml para el Instituto Nacional de la Salud de los Estados Unidos.

  3. Las formas móviles deben ser superiores al 50 % de los espermatozoides de la muestra, según las cifras de la OMS y superiores al 63 % según el mencionado Instituto Nacional.

  4. Las formas normales son en condiciones normales un 12 % o más de los espermatozoides.

  5. La progresión hacia delante superior a 2 en una escala del 0 al 4.

  6. El pH, fructosa e iones si están alterados indican afecciones inflamatorias o infecciosas.

  7. No debe haber ninguna aglutinación importante ya que las alteraciones de la aglutinación sugieren alteraciones inflamatorias o bien, inmunológicas.

  8. No debe haber células inflamatorias y su presencia orienta hacia alteraciones inflamatorias de origen infeccioso.

  9. No debe haber alteraciones de la viscosidad. El semen se debe verter gota a gota en laboratorio.

Causas de la disminución de calidad del semen
Existen una gran cantidad de causas que pueden llevar a infertilidad masculina por alteración en semen tanto del número como de las características funcionales de los espermatozoides.

El varicocele es una de esas causas. Se denomina así a las varices de las venas espermáticas testiculares. Son la causa mas frecuente de infertilidad adquirida en el varón. El motivo es el calor local excesivo a nivel testicular. La ropa ajustada, por ejemplo, es también causa de infertilidad por aumento del calor en el testículo.

Los tóxicos como el tabaco, el alcohol y las drogas producen infertilidad por distorsión de la espermiogénesis o proceso de nacimiento del espermatozoide. Dentro de las causas tóxicas hay que destacar las causadas por medicamentos como la sulfasalazina, cimetidina y nitrofurantoína. La utilización de agentes quimioterápicos para el tratamiento del cáncer como el cisplatino, originan infertilidad.

Las intervenciones quirúrgicas sobre el cuello vesical que dan lugar a eyaculaciones retrógradas que se traducen en la no expulsión del semen durante el orgasmo al exterior, sino en la vejiga. Sucede lo mismo con los traumatismos.

Causan también infertilidad las enfermedades de transmisión sexual que afecten a la uretra anterior como la uretritis o la orquioepididimitis y las infecciones específicas como la tuberculosis genitourinaria con afectación por obstrucción del conducto deferente y epidídimo.

La diabetes puede ser causa de eyaculación retrograda por afectación de los mecanismos neurológicos de la eyaculación.

La criptorquidia o afección que consiste en testículos no descendidos a las bolsas escrotales, puede causar infertilidad. Lo mismo sucede con la torsión testicular, que dificulta la llegada de sangre al testículo y causa su atrofia si no se soluciona quirúrgicamente.

La orquitis urliana postpuberal o inflamación testicular aguda por infección del virus de la parotiditis (paperas), puede hacer al varón infértil.

Síndromes clínicos poco frecuentes que cursan con infertilidad
También hay situaciones menos frecuentes que ocasionan alteraciones del semen e infertilidad. La pubertad precoz por hiperplasia suprarrenal congénita es una de esas causas. El síndrome de Kallman consiste en la ausencia de olfato y pubertad tardía debido a un fallo hormonal de origen cerebral, cursa con infertilidad.

La fibrosis quística produce anomalías del conducto deferente y epidídimo. El ‘síndrome de los cilios inmóviles’ cursa con alteración de la movilidad de los espermatozoides.

El síndrome de Young consiste en la obstrucción del epidídimo por acúmulo de mucosidades y por lo tanto ocasiona semen sin espermatozoides. El síndrome de kartagener y el de Reifenstein consisten en la insensibilidad a las hormonas masculinas de los órganos diana, con lo que el individuo no desarrolla los caracteres sexuales secundarios y sus genitales son ambiguos.

lunes, 14 de julio de 2008

Aspectos éticos de la medicina clínica: la eutanasia

La sociedad exige al médico responsabilidad profesional en los últimos momentos de la vida.
La eutanasia es etimológicamente la buena muerte y en el mundo civilizado la muerte ha pasado a ser la última enfermedad y motivo casi siempre de asistencia médica profesional.

Se tiende a la práctica de la medicina basada en la evidencia y ello implica la aplicación de protocolos según los datos obtenidos de los diferentes estudios clínicos.

Podría parecer por ello que el futuro de la medicina se basará en directrices informatizadas sobre cual es la mejor decisión a tomar con el paciente. Nada más lejos de la realidad. La praxis médica está salpicada de decisiones que tienen que ser tomadas individualmente.

La habilidad del razonamiento y la experiencia, siempre ayudadas por buenos conocimientos y el respeto a las preferencias de cada paciente seguirán siendo los pilares del ejercicio profesional del médico.

¿Existe una verdadera necesidad de regular la eutanasia?
La sociedad polemiza cíclicamente acerca de la eutanasia. Los medios de comunicación airean casos extremos en los que los deseos de un enfermo o sus representantes se enfrentan a las leyes vigentes.

Respecto a estos casos sería interesante reflexionar por qué no hay miles de ejemplos polémicos, siendo la muerte como es, un fenómeno tan cotidiano. Lo cierto es que la responsabilidad profesional del médico, con su componente de ciencia médica y el no menos importante de arte de la medicina, resuelven de forma eficaz los conflictos sin demasiados problemas y desde tiempo inmemorial.

La legislación al respecto del problema de la eutanasia podría contribuir a aclarar algún caso raro, pero en la práctica no supondría una racionalidad mayor que la que ya se aplica en el abordaje de la muerte como fenómeno individual y de características irrepetibles en cada sujeto.

Eutanasia y decisión en las intervenciones de soporte vital
Un ejemplo de lo que ya se aplica sin necesidad de leyes nuevas sobre la eutanasia son las decisiones sobre cómo y cuando intervenir en el soporte vital a un enfermo. El soporte vital lo constituyen todos aquellos medios que se aplican para mantener las constantes vitales y la vida, para conseguir un tiempo en el que la previsión es que el enfermo reaccione o las técnicas sanen.

En general cualquier intervención puede anularse si las cargas para el paciente tienen mayor peso que beneficio. Con ello nos referimos tanto a las medidas extraordinarias como cirugía, ventilación mecánica o diálisis, como a las ordinarias (alimentación por sonda, líquidos intravenosos o antibióticos).

La denegación y retirada de intervenciones deben tener la misma consideración, aunque es verdad que muchos profesionales mantienen las actuaciones ordinarias aunque ya no estén indicadas en el moribundo.

Las órdenes de no reanimar son otra realidad existente. Cuando un enfermo sufre una parada puede volver a la vida si se instauran las maniobras de resucitación, pero si la resucitación se aplica a pacientes terminales lo que se estaría haciendo es interrumpir una muerte en paz.

La orden de “no reanimar” se incluye en las instrucciones de tratamiento de los pacientes en los que la reanimación se considera inútil.

Suicidio asistido y eutanasia activa
Es quizá en este punto donde la controversia social está más viva, ya que existen partidarios de respetar la decisión suicida de un paciente competente en estado terminal y que piensan que el apoyo material debe darlo el médico.

Al mismo tiempo existen los que piensan que la vida es sagrada y que el sufrimiento que hace al enfermo desear morir puede ser aliviado. En este sentido los opositores a la legalización de la eutanasia activa opinan que los abusos son inevitables y que la misión del médico no es matar o asistir el suicidio.

La postura más generalizada entre los médicos es que se debe contestar al enfermo con rigor y con compasión. Cualquier síntoma doloroso debe ser tratado enérgicamente, así como los síntomas depresivos o la pérdida de control. La experiencia muestra continuamente que esta actitud puede hacer que los enfermos terminales retiren sus peticiones de suicidio asistido.

Por otra parte es muy frecuente que los médicos tengan que emplear fármacos depresores potentes del sistema nervioso central para controlar el dolor intenso o la disnea o falta de aire angustiante del enfermo terminal. Es bien sabido que estos fármacos acortan la vida porque producen sedación del centro respiratorio.

El alivio del enfermo justifica estas acciones que los médicos tomamos a diario y ninguna legislación nueva puede regular mejor que la propia ética médica y el código deontológico.

La sociedad puede sentir la necesidad de que se regulen legalmente ciertos aspectos sobre la eutanasia, pero la mayoría de los casos se solucionan a diario, teniendo en cuenta la diversidad de actitudes ante la muerte que tenemos los seres humanos.

Conclusión
Los casos polémicos que llegan a los medios de comunicación son el resultado de una mala praxis médica o quizá del deseo de notoriedad o reivindicación de grupos que aprovechan la desesperación de los enfermos para defender sus ideas.

El exceso de tecnificación y el desarraigo de los enfermos terminales, que a veces no reciben apoyo a su sufrimiento psicológico, puede llenar los periódicos de casos patéticos de personas condenadas que desean quitarse la vida con ayuda del médico.

Por suerte la mayoría de las veces una buena actuación médica logra una muerte en paz. No sabemos si regular legalmente las acciones que rodean a la muerte será una conquista loable o por el contrario una cincha que restrinja algo que ya se está realizando desde hace siglos con notable eficacia y discreción.

domingo, 13 de julio de 2008

Antibióticos que causan problemas tóxicos al oído


Se llama ototoxicidad a un efecto nocivo que una sustancia puede ejercer sobre el oído. La ototoxicidad inducida por fármacos generalmente afecta al oído interno y se puede manifestar como toxicidad coclear o del órgano auditivo, que causa tinnitus o percepciones de sonidos anómalas y pérdida de audición.

También puede causar toxicidad vestibular con náuseas, vértigo, ataxia o movimientos anormales y vómitos. Esta alteración puede ser permanente o bien recuperarse una vez el agente nocivo deja de afectar al sujeto.

La frecuencia de ototoxicidad se desconoce pero podría estar entre 1,6 y 3 casos por cada 1000 pacientes tratados con cualquier fármaco.

Cómo se decide la ototoxicidad
No se puede establecer la causa de un daño cualquiera al organismo por la simple observación de la proximidad en el tiempo de la presumible causa y su efecto.

Con el fin de etiquetar un medicamento como ototóxico, es necesario que sea cuidadosamente estudiado desde los puntos de vista experimental y epidemiológico.

También se exige que el algoritmo de causalidad de Kark y Lasagna sea plausible. Esto incluye una secuencia temporal compatible, una plausibilidad biológica, un efecto ya conocido, una reexposición positiva, etc.

Antibióticos aminoglicósidos
Todos los aminoglicósidos que asociamos a ototoxicidad pueden dañar tanto el sistema coclear o de la audición como vestibular o del equilibrio. En el caso de daño coclear se afectan sobretodo las frecuencias altas.

La degeneración de las células puede ser irrecuperable y por lo tanto la sordera puede ser permanente. Un 50 % de los pacientes puede recuperar, de forma total o parcial, la pérdida de oído.


A pesar de que haya daño de las células vestibulares, los mecanismos adaptativos centrales cerebrales hacen que el paciente recupere muchas veces las alteraciones del equilibrio.


En la ototoxicidad de los aminoglicósidos la vía de administración del fármaco puede ser la vía oral, parenteral y la tópica (cutánea, conjuntival, peritoneal, intrabronquial). De todas formas la toxicidad depende de la dosis y es mucho más rara en el uso tópico de los medicamentos.


En general en este grupo de antibióticos entre un 7 y 13 por mil pacientes sufren algún grado de toxicidad. la polimixina B, polimixina E (colistina), vancomicina y ristocetina dentro de este grupo terapéutico, aunque no se trate de aminoglicósidos.

Capreomicina, dihidroestreptomicina (uno de las más ototóxicos), gentamicina, vancomicina, neomicina y framicetina son los antibióticos más conocidos entre los aminoglicósidos.


Paromomicina, tobramicina, viomicina, , ristocetina, amikacina y netilmicina son también aminoglicósidos causantes de no pocos problemas óticos, aunque su uso es más restringido.


Otros antibióticos ototóxicos
La eritromicina es un antibiótico macrólido muy empleado en alérgicos a penicilina. Produce afectación de forma predominante coclear en todas las frecuencias, generalmente reversible. Efecto adverso poco frecuente y se ha descrito para cualquier vía de administración.


La claritromicina es también potencialmente ototóxica, aunque se han descrito pocos casos. Lo mismo sucede con azitromicina. Ambos son macrólidos.


La doxiciclina es una tetraciclina, lo mismo que minocilina. La primera es ototóxica mientras que la segunda es tóxico vestibular.


Hay casos de toxicidad coclear o auditiva por cloranfenicol y teicoplamina y de toxicidad vestibular por cefalexina. La clindamicina se ha relacionado con tinnitus o percepciones de sonido inexistente, lo mismo que furazolidona, pero esta además se ha visto que causa sordera.


Las sulfonamidas se relacionan con ruidos anormales y vértigo. Metronidazol se ha visto en casos de ruidos anormales. El ácido nalidíxico ocasiona toxicidad vestibular y el cotrimoxazol sordera reversible.


Las gotas óticas

Algunos trabajos en animales de experimentación han demostrado que los tratamientos en gotas tópicas de antibióticos como gentamicina, neomicina, polimixina, estreptomicina, cloranfenicol y eritromicina) pueden dañar estructuras del oído medio.


Los excipientes de las gotas también pueden causar problemas, es el caso del propilenglicol, que suele ponerse en las gotas de cloranfenicol.

sábado, 28 de junio de 2008

Las denuncias falsas: trastorno querulante y delirio pleitista

 He leído en Inet un interesante artículo sobre los denunciantes múltiples. Un estudio criminológico y victimológico sobre la querulancia y los delirios pleitistas por  Miguel Angel Gallardo Ortiz, Criminólogo e Ingeniero. Es de 2006 y os lo comento a continuación:

Existe un trastorno de la personalidad que afecta a personas de inteligencia normal o a veces normal alta  que produce en virtud de esta característica numerosos quebraderos de cabeza. El resultado de este trastorno hace que los afectados protagonicen procedimientos judiciales, muchas veces increiblemente numerosos. Querulante es una palabra que hace referencia, precisamente a las querellas, aunque caben denuncias, reclamaciones, procedimientos de queja, peticiones variadas y siempre con una base de sobrevaloración de los derechos o capacidades y competencias del sujeto afectado por esta penosa y peligrosa forma de ser. El falso denunciante reincidente, y más aún quien adapta su modo de vida a esta práctica, tiene una estructura de su personalidad y un comportamiento psicopático y sociopático característico. Es muy indicativo el desprecio que los querulantes tienen por sus denunciados, a los que buscan y rebuscan motivos de denuncia falsos, aunque a veces envuelven en una apariencia de legalidad. Las denuncias falsas no suelen ser la única manera de manifestarse esta irritante personalidad querulante. Insidias, infundios, conspiraciones, intoxicaciones y todo tipo de conflictividades surgen a su alrededor de manera difícilmente relacionables con él salvo que se haga un profundo estudio de su evolución a lo largo del tiempo.

Los querulantes tienen con frecuencia tienen un histórico amplio en distintos Juzgados y en distintas instituciones, y aunque la Justicia exige una identificación de cualquier denunciante, por lo general tienden a mover otros peones que lleven la carga de las pruebas. Todo depende de sus presumibles intenciones en cada momento y lugar. Tanto su personalidad, con sus antecedentes, diagnóstico y pronóstico, como sus pautas de conducta y capacidad de reacción exigen una labor casi arqueológica. Los terapeutas no suelen llegar nunca a tener todos los datos de los pleitos y denuncias, intoxicaciones y manipulaciones que han patrocinado. Se suele ver únicamente la punta del iceberg, los casos en los que han sido más audaces y por tanto han errado.

En la CIE-10, última revisión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) podemos encontrar esta entidad del denunciante falso o lo que hemos llamado personalidad querulante en el catálogo F60-F62 "Trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto" quei ncluye alteraciones del comportamiento que tienden a ser persistentes y son la expresión de una manera de vivir on un rol denunciante y reivindicativo, con desprecio más o menos visible, a veces solo se intuye, de los demás. Estas alteraciones y modos de comportamiento aparecen en estadios precoces del desarrollo del niño como resultado de factores probablemente genéticos como favorecidospor la biografía. Otras veces se adquieren más tarde.

Del CIE-10 son especialmente adaptadas al querulante o falso denunciante la personalidad paranoide y la disocial, tanto por su querulancia activa, como por su amoralidad, intentando obligar a los demás a respetar unas normas legales que él mismo no respeta. En muchos casos, el falso denunciante es perfectamente capaz de denunciar falsamente los delitos que él mismo comete un caso que puede entenderse por ejemplo en lo que ya se denomina "síndrome del bombero-pirómano", entendiendo que no solo afecta a esta profesión sino que es la más conocida. Podría darse por ejemplo en aquellos albañiles que boicotean las obras para que haya averías.

Las psicopatías y sociopatías características del falso denunciante no sólo se definen por sus incompatibilidades excluyentes. El paranoide no delira, sino que "conspira contra supuestas conspiraciones", y el sociópata no es emotivo, sino que permanece impasible ante el daño causado que él mismo nunca soportaría. La intolerancia, entendida como todo aquello que el indeseable se permite a sí mismo, pero no permite a los demás. De hecho se puede definir la tolerancia como la actitud de aceptar en otros lo que nosotros mismos no nos permitimos porque no nos agrada.

Estas dos patologías, con su intolerancia, enmarcan de alguna manera al falso denunciante, generalmente dotado de una gran inteligencia orientada a la perversión, por lo que nunca conviene despreciar o ignorar su malicia, y es aconsejable hacerle frente con decisión y contundencia, sin concesiones de ningún tipo, hasta conseguir una confesión documentable a efectos legales, y un reconocimiento expreso hasta la satisfacción de los perjudicados, porque por lo general, el falso denunciante interpreta como una victoria cualquier gesto del denunciado, o cualquier diligencia del instructor.

Esta mayor inteligencia suele servir para perfeccionar su "solipsismo probatorio" en el muy intencionado sentido de crear y cerrar círculos indemostrables, buscando deliberadamente dejar al denunciado ante un cúmulo de pruebas diabólicas de hechos negativos en procesos inquisitoriales mientras se cultiva el apoyo de la autoridad judicial y policial.

En términos puramente clínicos, la clasificación CIE-10 define los dos tipos que mejor enmarcan la personalidad y la conducta del falso denunciante, así:

F60.0 Trastorno paranoide de la personalidad (Copiado de la CIE-10)

Es un trastorno de personalidad caracterizado por:

a) Sensibilidad excesiva a los contratiempos y desaires.

b) Incapacidad para perdonar agravios o perjuicios y predisposición a rencores persistentes.

c) Suspicacia y tendencia generalizada a distorsionar las experiencias propias interpretando las manifestaciones neutrales o amistosas de los demás como hostiles o despectivas.

d) Sentido combativo y tenaz de los propios derechos al margen de la realidad.

e) Predisposición a los celos patológicos.

f) Predisposición a sentirse excesivamente importante, puesta de manifestado por una actitud autorreferencial constante.

g) Preocupación por "conspiraciones" sin fundamento de acontecimientos del entorno inmediato o del mundo en general.

Incluye:

Personalidad expansiva.

Personalidad paranoide.

Personalidad sensitiva paranoide.

Personalidad querulante.

Trastorno expansivo de la personalidad.

Trastorno sensitivo paranoide de la personalidad.

Trastorno querulante de la personalidad.

Excluye:

Esquizofrenia (F20.-).

Trastorno de ideas delirantes (F22.-).

F60.2 Trastorno disocial de la personalidad (Copiado de la CIE-10)

Se trata de un trastorno de personalidad que, normalmente, llama la atención debido a la gran disparidad entre las normas sociales prevalecientes y su comportamiento; está caracterizado por:

a) Cruel despreocupación por los sentimientos de los demás y falta de capacidad de empatia.

b) Actitud marcada y persistente de irresponsabilidad y despreocupación por las normas, reglas y obligaciones sociales.

c) Incapacidad para mantener relaciones personales duraderas.

d) Muy baja tolerancia a la frustración o bajo umbral para descargas de agresividad, dando incluso lugar a un comportamiento violento.

e) Incapacidad para sentir culpa y para aprender de la experiencia, en particular del castigo.

f) Marcada predisposición a culpar a los demás o a ofrecer racionalizaciones verosímiles del comportamiento conflictivo.

Puede presentarse también irritabilidad persistente. La presencia de un trastorno disocial durante la infancia y adolescencia puede apoyar el diagnóstico, aunque no tiene por qué haberse presentado siempre.

Incluye:

Trastorno de personalidad sociopática.

Trastorno de personalidad amoral.

Trastorno de personalidad asocial.

Trastorno de personalidad antisocial.

Trastorno de personalidad psicopática.

Excluye:

Trastornos disocíales (F91.-).

Trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad (F60.3).

Otra clasificación de interés es la D.S.M.-III, que establece tres grupos entre los trastornos específicos de la personalidad atribuible al denunciante falso:

a) es en el que se incluyen los extraños o los excéntricos; paranoides, esquizoides y esquizotípicos

b) los teatrales, emotivos y volubles; antisocial, límite, histriónico y narcisista

c) los que parecen ansiosos y temerosos: evitación, dependencia, y obsesivos-compulsivos

Considerando algunos detalles de perfil y conducta que ofrece D.S.M. III, en ciertos casos, las denuncias falsas pueden encuadrarse en el "juego patológico" como un "trastorno del control de los impulsos" no clasificado en otros apartados, porque si buscan con afán la notoriedad, inmediatamente dan la máxima difusión a su alcance a la denuncia.

El Dr. José Antonio García-Andrade, en "Psiquiatría Criminal y Forense" sostiene que "el psicópata fanático es aquel que tiene unas ideas sobrevaloradas, que ejercen una acción tiránica sobre el campo de la conciencia, por su permanencia y gran carga afectiva, de tal manera que muchas veces no sabemos en presencia de quien estamos: si ante un idealista apasionado que por sus ideales es capaz de sacrificar su vida o su porvenir; en presencia de un fanático que tiene unas ideas sobrevaloradas; o bien ante un paranoico con su vivencia delirante, puesto que en ocasiones es muy difícil establecer las fronteras entre unos y otros".

Según el Dr. García-Andrade, las falsas denuncias por violación tienen un triple origen: el chantaje económico, la venganza y la fantasía histérica. Pero las falsas denuncias de otros tipos de delitos distintos de los sexuales, especialmente en los denunciados por varones adultos con ciertos estudios, pueden tener también un más cierto afán de notoriedad, tanto para el querulante muy consciente de la falsedad de su denuncia, como en el delirante mesiánico que alimenta su error con proselitismo.

Si no no fueran tan serias y peligrosas las imputaciones penales de las denuncias falsas, el mejor antídoto contra el veneno psicológico y sociológico del querulante sería el humor. Un buen chiste enfurece al paranoide hasta dejarlo en evidencia. Una broma bien medida puede ser la mejor prueba de que nos encontramos ante un enfermo mental con perversas intenciones policiales y judiciales.

En nuestra opinión, desde una perspectiva criminológica, se aprecia el llamado "efecto drácula" en la mayoría de los querulantes porque suelen haber sido a su vez denunciados anteriormente, siendo muy interesantes los detalles y la historia de las experiencias que ha tenido el denunciante falso con la Justicia y la policía, porque el descubrimiento del arma que para él supone una la oficina de denuncias suele iniciarse desde el otro lado, cuando el querulante ha experimentado por sí mismo la intranquilidad y las molestias de una imputación criminal.

Muchos querulantes se derruman sólo ante la pregunta ¿es la primera vez que Vd. denuncia algo así?, porque saben perfectamente que tirando de ese hilo argumental acabarán completamente desacreditados. También es un punto psicológicamente débil en los falsos denunciantes la envidia patológica que sienten por los méritos, la reputación o alguna de las posesiones de la víctima.

También existen denunciantes falsos con auténticos complejos de inferioridad hacia el denunciado falsamente. A veces se tarda más en que un juez descubra que el denunciante es tonto y torpe, incapaz de disimular su envidia, de lo que tardaría en percatarse de que se trata de un inteligentísimo querulante profesional. Las personas con más éxito tienen un prudente temor hacia cualquier signo de envidia, porque saben que pueden acabar difamadas, o incluso denunciadas. Los mitómanos llegan a denunciar con una falsedad que raya en el delirio, pero no por ello dejan de ser peligrosos. A veces la admiración y el afecto se transforman rápidamente en infundios, calumnias y denuncias.

Tampoco es inusual que los denunciantes no sean personas físicas, sino jurídicas, porque hay empresas y asociaciones que declaran no tener ánimo de lucro, cuya principal actividad, y su mayor fuente de ingresos, está directamente relacionada con los pleitos. En la práctica, algunos querulantes exitosos llegan a consolidar una auténtica organización empresarial o asociación tras la cual orientan sus denuncias hacia quien más rentable pueda ser para sus perversos fines. Muchos periodistas especializados en información económica, empresarial o financiera conocen bien a los informadores chantajistas que callan en público mucho más de lo que dicen saber en privado para obtener muy variados tipos de compensaciones. Pero los que mejor conocen esta realidad son los financieros que han cometido algún error, o que sin haberlo cometido, han sido el objetivo de alguien capaz incluso de generar pruebas falsas y de utilizarlas incluso en otro país.

Por todo ello, los antecedentes policiales y judiciales del denunciante, tanto se es un particular, como si es una empresa, que un imputado y más aún un procesado puede exigir en una ratificación de la denuncia, y por otros procedimientos más burocratizados y a veces hasta oscurantistas, facilitan el análisis y la evidencia de la malicia o el error, sin perjuicio de que puedan entremezclarse intencionadamente en ciertos casos, como también es posible que eventualmente se unan contra la víctima los maliciosos, con los ignorantes.
 http://cita.es/denuncias/falsas/